domingo, 6 de septiembre de 2020

Liturgia de las Horas para Latinoamerica - Lunes, Salterio IV, TO


LAUDES - Oración de la mañana

"Si el alma hace buen uso de las virtudes plantadas en ella,
entonces será de verdad semejante a Dios. 
Él nos enseñó, por medio de sus preceptos,
que debemos redituarle frutos de todas las virtudes
que sembró en nosotros al crearnos".
San Columbano.


Las Laudes de la mañana se dirigen y ordenan con la finalidad de santificar la mañana.
Al celebrarse con la salida del sol, nos recuerdan la resurrección de Jesús, El Señor, 
la luz verdadera que ilumina a todos los hombres (cf Jn 1,9) 
y el “Sol de Justicia (Mal 3, 20) que nace de lo alto (Lc 1, 78).Toda su temática alude al despertar
y a su equivalencia simbólica con la resurrección. En las comunidades religiosas, el horario habitual
es 7 a.m., aunque, naturalmente, se debe adaptar al propio ritmo de vida: lo normal es entre 6 y 10 hs.
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Invitatorio
Cuando Laudes es la primera oración litúrgica de la mañana se puede agregar el salmo Invitatorio antes del himno.
Esta invocación inicial se omite cuando las Laudes empiezan con el Invitatorio.

En el rezo privado, puede decirse la antífona sólo al inicio y al fin. (Se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V.  Señor abre mis labios
R.    Y mi boca proclamará tu alabanza.
V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

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Salmo del Invitatorio
Luego puede decirse el salmo del Invitatorio, con su antífona, como se indica al comienzo,
o, si se prefiere, omitido el salmo, se dice en seguida el himno. (Cuando se aplica la forma responsorial,
la asamblea repite la antífona después de cada estrofa).

Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo,
otros cantos oportunos y debidamente aprobados.


El salmo 94 puede sustituirse por el 99, el 66 o el 24.
En tal caso, si el salmo escogido formara parte de la salmodia del día, se dirá en su lugar, en la salmodia, el salmo 
94.
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Ant. ¡Demos vítores al Señor, aclamándolo con cantos!

Salmo 94 Invitación a la Alabanza Divina
Anímense unos a otros cada día, mientras dura este hoy, para que nadie se endurezca seducido por el pecado. Heb 3, 13.

Se repite la antífona al final de cada párrafo:
Vengan, aclamemos al Señor,
     demos vítores a la Roca que nos salva;
     entremos a su presencia dándole gracias,
     aclamándolo con cantos.


Porque el Señor es un Dios grande,
     soberano de todos los dioses:
     tiene en su mano las simas de la tierra,
     son suyas las cumbres de los montes;
     suyo es el mar, porque él lo hizo,
 
     la tierra firme que modelaron sus manos.


Vengan, postrémonos por tierra,
     bendiciendo al Señor, creador nuestro.
     Porque él es nuestro Dios,
     y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.


Ojalá escuchen hoy su voz:
     «No endurezcan el corazón como en Meribá,
     como el día de Masá en el desierto;
     cuando sus padres me pusieron a prueba
     y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.


Durante cuarenta años aquella generación me repugnó,
     y dije: Es un pueblo de corazón extraviado,
     que no reconoce mi camino;
     por eso he jurado en mi cólera
     que no entrarán en mi descanso»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. ¡Demos vítores al Señor, aclamándolo con cantos!
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Salmo del Invitatorio (Opcional)
El salmo 94 puede sustituirse por el 99, el 66 o el 24. En tal caso,
si el salmo escogido formara parte de la salmodia del día, se dirá en su lugar, en la salmodia, el salmo 94.

Salmo 66: Que todos los pueblos alaben al Señor
Sepan que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)

Ant. ¡Demos vítores al Señor, aclamándolo con cantos!

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. ¡Demos vítores al Señor, aclamándolo con cantos!
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Himno: Señor, Como Quisiera.

Señor, cómo quisiera
en cada aurora aprisionar el día,
y ser tu primavera
en gracia y alegría,
y crecer en tu amor más todavía.

En cada madrugada
abrir mi pobre casa, abrir la puerta,
el alma enamorada,
el corazón alerta,
y conmigo tu mano siempre abierta.

Ya despierta la vida
con su canción de ruidos inhumanos;
y tu amor me convida
a levantar mis manos
y a acariciarte en todos mis hermanos.

Hoy elevo mi canto
con toda la ternura de mi boca,
al que es tres veces santo,
a ti que eres mi Roca

y en quien mi vida toda desemboca. ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento
que componen la Liturgia de las Horas.  Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. Baje a nosotros la bondad del Señor. ¡Aleluya!

Salmo 89: Baje a Nosotros la Bondad del Señor
Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día (2P 3, 8)

Señor, tú has sido nuestro refugio
     de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
     o fuera engendrado el orbe de la tierra,
     desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
     diciendo: «Retornen, hijos de Adán.»
     Mil años en tu presencia
     son un ayer, que pasó;
     una vigilia nocturna.

Los siembras año por año,
     como hierba que se renueva:
     que florece y se renueva por la mañana,
     y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
     y nos ha trastornado tu indignación!
     Pusiste nuestras culpas ante ti,
     nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
     y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
     y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
     y el más robusto hasta ochenta,
     la mayor parte son fatiga inútil,
     porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
     quién ha sentido el peso de tu cólera?
     Enséñanos a calcular nuestros años,
     para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
     Ten compasión de tus siervos;
     por la mañana sácianos de tu misericordia,
     y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
     por los años en que sufrimos desdichas.
     Que tus siervos vean tu acción,
     y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
     y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre, 
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Oración del salmo
Señor, envía tu misericordia y tu verdad
para rescatarnos de las trampas del demonio y,
felices de ser conocidos como compañeros de tu Hijo,
te alabaremos entre los pueblos y te proclamaremos a las naciones.

Ant. Baje a nosotros la bondad del Señor. ¡Aleluya!
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Ant 2. Convertiré ante ellos la tiniebla en luz. ¡Aleluya!

Cántico Is 42, 10-16: Cántico Nuevo al Dios Vencedor y Salvador.
Cantan un cántico nuevo delante del trono de Dios (cf. Ap 14, 3)

Canten al Señor un cántico nuevo,
     llegue su alabanza hasta el confín de la tierra;
     muja el mar y lo que contiene,
     las islas y sus habitantes;

alégrese el desierto con sus tiendas,
     los cercados que habita Cadar;
     exulten los habitantes de Petra,
     clamen desde la cumbre de las montañas;
     den gloria al Señor,
     anuncien su alabanza en las islas.

El Señor sale como un héroe,
     excita su ardor como un guerrero,
     lanza el alarido,
     mostrándose valiente frente al enemigo.

«Desde antiguo guardé silencio,
     me callaba y aguantaba;
     mas ahora grito como la mujer cuando da a luz,
     jadeo y resuello.

Agostaré montes y collados,
     secaré toda su hierba,
     convertiré los ríos en yermo,
     desecaré los estanques;
     conduciré a los ciegos
     por el camino que no conocen,
     los guiaré por senderos que ignoran.
     Ante ellos convertiré la tiniebla en luz,
     lo escabroso en llano.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre, 
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!
Ant. Convertiré ante ellos la tiniebla en luz. ¡Aleluya!
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Ant 3. El Señor todo lo que quiere lo hace. ¡Aleluya!

Salmo 134, 1-12: Himno a Dios por sus Maravillas
Ustedes son... un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas 
del que los llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa (1P 2, 9)

Alaben el nombre del Señor,
     alábenlo, siervos del Señor,
     que están en la casa del Señor,
     en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alaben al Señor porque es bueno,
     tañan para su nombre, que es amable.
     Porque él se escogió a Jacob,
     a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
     nuestro dueño más que todos los dioses.
     El Señor todo lo que quiere lo hace:
     en el cielo y en la tierra,
     en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
     con los relámpagos desata la lluvia,
     suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
     desde los hombres hasta los animales.
     Envió signos y prodigios -en medio de ti, Egipto-
     contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
     mató a reyes poderosos:
     a Sijón, rey de los amorreos;
     a Hog, rey de Basán,
     y a todos los reyes de Canaán.
     Y dio su tierra en heredad,
     en heredad a Israel, su pueblo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre, 
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Oración del salmo
Donde dos o tres se reúnen en tu nombre, Señor,
prometiste estar con ellos y compartir su comunión.
Mira a tu familia reunida aquí en tu nombre
y derrame amablemente tu bendición sobre nosotros.

Ant. El Señor todo lo que quiere lo hace. ¡Aleluya!
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Lectura Breve: Jdt 8, 21b-23
Recuerden que Dios ha querido probarnos como a nuestros padres. 
Recuerden lo que hizo con Abraham, las pruebas por que hizo pasar a Isaac,
lo que aconteció a Jacob. Como les puso a ellos en el crisol
para sondear sus corazones, así el Señor nos hiere a nosotros,
los que nos acercamos a él, no para castigarnos, sino para amonestarnos.


Silencio sagrado (indicado por una campana): 

Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.


Responsorio Breve
V. Aclamen, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
R. Aclamen, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

V. Cántenle un cántico nuevo.
R. Que merece la alabanza de los buenos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Aclamen, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

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Cántico Evangélico (Benedictus)
Los cánticos son tomados del Evangelio de Lucas. Se rezan o cantan de pie, y se hace la señal de la Cruz al inicio de su proclamación.
Los cánticos evangélicos son solo tres: Benedictus, (Laudes) Magnificat  (Vísperas) y Nunc dimittis (Completas).
El Benedictus, cántico de Zacarías, padre de Juan Bautista, canta la venida del Mesías, como bendición de Dios, "sol que nace de lo alto", 
por lo que su proclamación en Laudes refuerza el sentido matutino simbólico de la oración.
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Ant. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.

Cántico de Zacarías- Lc 1, 68-79. El Mesías y su Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
     porque ha visitado y redimido a su pueblo.
     suscitándonos una fuerza de salvación
     en la casa de David, su siervo,
     según lo había predicho desde antiguo
     por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra
     de nuestros enemigos
     y de la mano de todos los que nos odian;
     ha realizado así la misericordia
     que tuvo con nuestros padres,
     recordando su santa alianza
     y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
     arrancados de la mano de los enemigos,
     le sirvamos con santidad y justicia,
     en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,
     te llamarán Profeta del Altísimo,
     porque irás delante del Señor
     a preparar sus caminos,
     anunciando a su pueblo la salvación,
     el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
     nos visitará el sol que nace de lo alto,
     para iluminar a los que viven en tiniebla
     y en sombra de muerte,
     para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.
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Preces para consagrar a Dios el día y el trabajo
Ya que Cristo escucha y salva a cuantos en él se refugian, acudamos a él diciendo:
R./ Escúchanos, Señor.

Te damos gracias, Señor, por el gran amor con que nos amaste;
- continúa mostrándote con nosotros rico en misericordia.

Tú que con el Padre sigues actuando siempre en el mundo,
- renueva todas las cosas con la fuerza de tu Espíritu.

Abre nuestros ojos y los de nuestros hermanos
- para que podamos contemplar hoy tus maravillas.

Ya que nos llamas hoy a tu servicio,
- haz que seamos buenos administradores
   de tu multiforme gracia en favor de nuestros hermanos


Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo:
- Padre Nuestro…

Oración Conclusiva
Señor Dios, que encomendaste al hombre la guarda y el cultivo de la tierra,
y creaste la luz del sol en su servicio, concédenos hoy que, con tu ayuda,
trabajemos sin desfallecer para tu gloria y para el bien de nuestro prójimo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. ¡Amén!

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                                                                              Conclusión
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Si preside un presbítero o un diácono, bendice al pueblo, utilizando una de estas dos fórmulas finales:

Fórmula larga:  † (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio,
     custodie sus corazones y sus pensamientos
     en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R. ¡Amén!
V. Y la bendición de Dios todopoderoso,
     Padre, Hijo
 † y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!
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Fórmula breve:  † (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La bendición de Dios todopoderoso,
     Padre, Hijo 
 y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!
        Si se despide de la comunidad añade:
V. Pueden ir en Paz.
R. ¡Demos gracias a Dios!

        En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un ministro no ordenado, se dice:
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
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Tiempo Ordinario - Lunes – Salterio IV.  

 VÍSPERAS - Oración de la tarde

“Si el alma hace buen uso
de las virtudes plantadas en ella,
entonces será de verdad semejante a Dios."
(San Columbano)

Hay que resaltar y promover la importancia de las laudes y las vísperas 
como oración de la comunidad cristiana, omentando su celebración pública o comunitaria, 
sobre todo entre aquellos que hacen vida común.
Se celebran las vísperas por la tarde, cuando atardece y el día va cayendo, 
a decir de San Basilio: “En acción de gracias por cuanto se nos ha otorgado
en la jornada y por cuanto hemos logrado realizar con acierto”. 
Por medio de la oración que elevamos “como el incienso en presencia del Señor”, 
también recordamos la redención,
o como dice el salmo 140, 2: “el alzar de nuestras manos” es “como ofrenda de la tarde”. 

Sus motivos aluden al fin del trabajo y del día activo,
y la equivalencia simbólica con la Venida del Señor.
Un horario entre las 7 y las 10 de la noche es adecuado. 
Los días que preceden a una Solemnidad no tienen Vísperas. 
Las «Primeras Vísperas» son la misma oración que Vísperas, pero para los domingos y solemnidades,
que comienzan la tarde anterior y por eso tienen dos vísperas:
las «primeras», que son la tarde anterior (la del sábado, en el caso de un domingo),
y las «segundas», que son las de la propia tarde cronológica la tarde del domingo, sigue el mismo caso).
Evidentemente, el día anterior cede parte de su tiempo al domingo o solemnidad y no tiene vísperas.
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Invocación Inicial
Se hace la invocación Inicial antes del himno, trazando en la frente la señal de la cruz † mientras se dice:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre,
    por los siglos de los siglos. ¡Amén!

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Himnos:
Son composiciones poéticas en alabanza a Dios, a la Virgen o a los Santos. Éstos introducen en la celebración un elemento
que nos ayuda a pasar de lo puramente popular a lo eclesial y bíblico.  Además de éstos Himnos, pueden usarse,
sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
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Himno: Ya no temo, Señor, la tristeza.

Ya no temo, Señor, la tristeza,
     ya no temo, Señor, la soledad;
     porque eres, Señor, mi alegría,
     tengo siempre tu amistad.

Ya no temo, Señor, a la noche,
     ya no temo, Señor, la oscuridad;
     porque brilla tu luz en las sombras,
     ya no hay noche, tú eres luz.

Ya no temo, Señor, los fracasos,
     ya no temo, Señor, la ingratitud;
     porque el triunfo, Señor, en la vida,
     tú lo tienes, tú lo das.

Ya no temo, Señor, los abismos,
     ya no temo, Señor, la inmensidad;
     porque eres, Señor, el camino

     y la vida, la verdad. ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento
que componen la Liturgia de las Horas.  Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. Den gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Salmo 135 - I - Himno a Dios por las Maravillas de la Creación y del Éxodo.
Alabar a Dios es narrar sus maravillas (Casiano)

Den gracias al Señor porque es bueno:
     porque es eterna su misericordia.

Den gracias al Dios de los dioses:
     porque es eterna su misericordia.

Den gracias al Señor de los señores:
     porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
     porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
     porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:
     porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
     porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
     porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
     porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Den gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
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Ant 2. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Salmo 135 - II: Himno Pascual.
Qué grandes y maravillosas son tus obras Señor omnipotente. (San Clemente)

El hirió a Egipto en sus primogénitos:
     porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
     porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
     porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:
     porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
     porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
     porque es eterna su misericordia.

Guió por el desierto a su pueblo:
     porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
     porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
     porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
     porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:
     porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
     porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:
     porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:
     porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
     porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
     porque es eterna su misericordia.

Den gracias al Dios del cielo:
     porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Oración del salmo
Dios Todopoderoso, recuerda nuestra humildad y ten piedad.
Una vez les diste a nuestros padres una tierra extranjera para heredar.
Libéranos hoy del pecado y danos una parte de tu herencia.

Ant. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
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Ant 3. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, 
            cuando llegase el momento culminante.

Cántico - Ef 1, 3-10: El Plan Divino de Salvación.
El que tiene suficiente amor, también tiene suficiente deseo. (San Columbano)

Bendito sea Dios,
     Padre de nuestro Señor Jesucristo,
     que nos ha bendecido en la persona de Cristo
     con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
     antes de crear el mundo,
     para que fuésemos consagrados
     e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
     por pura iniciativa suya, a ser sus hijos,
     para que la gloria de su gracia,
     que tan generosamente nos ha concedido
     en su querido Hijo,
     redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
     hemos recibido la redención,
     el perdón de los pecados.
     El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
     ha sido un derroche para con nosotros,
     dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo
     cuando llegase el momento culminante:
     hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
     las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, 
         cuando llegase el momento culminante.
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Lectura Breve   1Ts 3, 12-13
Que el Señor les haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos,
así como los amamos nosotros, para que conserven sus corazones 
intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro,
cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

Silencio sagrado (indicado por una campana): 
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.

Responsorio Breve
 V. Suba, Señor, a ti mi oración.
R. Suba, Señor, a ti mi oración.
V. Como incienso en tu presencia.
R. A ti mi oración.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Suba, Señor, a ti mi oración.
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Cántico Evangélico (Magníficat)
Los cánticos se toman del Evangelio de Lucas. Se rezan o cantan de pie, y se hace la señal de la Cruz al principio de su proclamación.
 El Magnificat, (Canto de María) es un canto de gratitud de la Virgen al caer la tarde cuando el Ángel la encontró en oración.
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Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

Cántico de María - Lc 1, 46-55. Alegría del Alma en El Señor 
                                                    (se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)
† Proclama mi alma la grandeza del Señor,
     se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
     porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
     porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
     su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles
     de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
     dispersa a los soberbios de corazón,
     derriba del trono a los poderosos
     y enaltece a los humildes,
     a los hambrientos los colma de bienes
     y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
     acordándose de su misericordia
     -como lo había prometido a nuestros padres-
     en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.
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Preces  o Intercesiones
Llenos de confianza en el Señor Jesús que no abandona nunca
a los que se acogen a él, invoquémosle diciendo:
R./ Escúchanos, Señor, Dios nuestro.

Señor Jesucristo, tú eres nuestra luz; ilumina a tu Iglesia
- para que proclame a todas las naciones el gran misterio de piedad manifestado en tu encarnación.

Guarda a los sacerdotes y ministros de la Iglesia,
- y haz que con su palabra y su ejemplo edifiquen tu pueblo santo.

Tú que, por tu sangre, pacificaste el mundo,
- aparta de nosotros el pecado de discordia y el azote de la guerra.

Ayuda, Señor, a los que uniste con la gracia del matrimonio,
- para que su unión sea efectivamente signo del misterio de la Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede, por tu misericordia, a todos los difuntos el perdón de sus faltas,
- para que sean contados entre tus elegidos.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:
- Padre nuestro...

Oración Conclusiva
Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque el día ya se acaba;
sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones,
reanima nuestra esperanza; así nosotros, junto con nuestros hermanos,
podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan.
Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, 
por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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Conclusión:
Si preside un presbítero o un diácono, bendice al pueblo, utilizando una de estas dos fórmulas finales:
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Fórmula larga:  † (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V. † El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio,
     custodie sus corazones y sus pensamientos
     en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R. ¡Amén!
V. Y la bendición de Dios todopoderoso,
     Padre, Hijo
 † y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!
________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

Fórmula breve:  † (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V. † El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La bendición de Dios todopoderoso,
     Padre, Hijo 
 y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!
        Si se despide de la comunidad añade:
V. Pueden ir en Paz.
R. ¡Demos gracias a Dios!
        En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un ministro no ordenado, se dice:
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.R. ¡Amén!____________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

Tiempo Ordinario, Lunes de la IV semana Salterio IV.

COMPLETAS - Oración antes del descanso nocturno

El Dios que buscamos no está lejos de nosotros,
ya que está dentro de nosotros,
si somos dignos de esta presencia."

San Columbano

Sus textos aluden al sueño, y a su equivalencia simbólica con la muerte. 
El mejor horario es aquel en que efectivamente vayamos a dormir enseguida. 

Aunque hay una Completas para cada día de la semana,
es costumbre -aceptada en las rúbricas- que quienes desean rezarlas de memoria,
lo hagan siempre con una de las dos Completas de domingo,
ya sea la de después de Primeras Vísperas o la de después de Segundas Vísperas.
Las Completas no tienen vinculación estrecha con el desarrollo del calendario litúrgico,
excepto el «aleluya» al final de las antífonas e invocaciones en tiempo pascual.

Las Completas de Domingo I y II se usan respectivamente 
tras las primeras y segundas vísperas de Domingo.
También se utilizan en las solemnidades (después de I y II Vísperas respectivamente
aunque no caigan en domingo.

En las fiestas, aunque no caigan en domingo, se utiliza después de Vísperas 
las Completas de Domingo I o II (a libre elección). 

Si se van a rezar de memoria, puede utilizarse cualquiera de estas dos, cualquier día de la semana [Ord. Gral. n 88].
En Triduo Pascual, si corresponde rezarlas (ver rúbrica al inicio del día), se utiliza Domingo II, con responsorio especial.
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Invocación Inicial
V. Dios mío, ven en mi auxilio. 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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“Estamos llamados a tener una conciencia limpia hacia Dios y hacia los hombres,
en nuestros corazones y en nuestras mentes, en nuestras acciones y nuestro descanso.
Para hacerlo, es vital que examinemos nuestra conciencia diariamente y que pidamos la misericordia de Dios
cuando nos sintamos débiles, tentados e incompletos y que le pidamos Su fortaleza para mejorar”.
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Examen de Conciencia (Fórmula 1)
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia,
el cual, en la celebración comunitaria puede concluirse con un acto penitencial de la siguiente forma:

V. Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada
     que Dios nos ha concedido,
     reconozcamos sinceramente nuestros pecados.


Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
     perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. ¡Amén!
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Examen de Conciencia (Fórmula 2)
En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada.

Después, se prosigue con la fórmula siguiente:
V. Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada
     que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.


V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
     perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. ¡Amén!
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Examen de Conciencia (Fórmula 3)
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia,
el cual, en la celebración comunitaria puede concluirse con un acto penitencial de la siguiente forma:

Después, se prosigue con la fórmula siguiente:
V. Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada
     que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.


V. Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre
     para interceder por nosotros: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
     perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. ¡Amén!
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Himnos:
Son composiciones poéticas en alabanza a Dios, a la Virgen o a los Santos. Éstos introducen en la celebración un elemento
que nos ayuda a pasar de lo puramente popular a lo eclesial y bíblico.  Además de estos Himnos, pueden usarse,
sobre todo, en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
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Himno: Se inclina ya mi frente.

Se inclina ya mi frente,
     sellado está el trabajo;
     Señor, tu pecho sea
     la gracia del descanso.

Mis ojos se retiran,
     la voz deja su canto,
     pero el amor enciende
     su lámpara velando.

Lucero que te fuiste,
     con gran amor amado,
     en tu gloria dormimos
     y en sueños te adoramos. ¡Amén!
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Himno (opcional): Gracias, porque al fin del día.

Gracias, porque al fin del día
     podemos agradecerte
     los méritos de tu muerte,
     y el pan de la eucaristía,
     la plenitud de alegría
     de haber vivido tu alianza,
     la fe, el amor, la esperanza
     y esta bondad de tu empeño
     de convertir nuestro sueño
     en una humilde alabanza.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
     gloria al Espíritu Santo,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento
que componen la Liturgia de las Horas.  Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

Salmo 85 - Oración de un Pobre ante las Dificultades.
Bendito sea Dios, que nos alienta en nuestras luchas. (2Co 1,3.4)

Inclina tu oído, Señor; escúchame,
     que soy un pobre desamparado;
     protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
     salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
     que a ti te estoy llamando todo el día;
     alegra el alma de tu siervo,
     pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
     rico en misericordia con los que te invocan.
     Señor, escucha mi oración,
     atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo, y tú me escuchas.
     No tienes igual entre los dioses, Señor,
     ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
     a postrarse en tu presencia, Señor;
     bendecirán tu nombre:
     «Grande eres tú, y haces maravillas;
     tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
     para que siga tu verdad;
     mantén mi corazón entero
     en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
     daré gloria a tu nombre por siempre,
     por tu grande piedad para conmigo,
     porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
     una banda de insolentes atenta contra mi vida,
     sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
     lento a la cólera, rico en piedad y leal,
     mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
     salva al hijo de tu esclava;
     dame una señal propicia,
     que la vean mis adversarios y se avergüencen,
     porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

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Lectura Breve:   1Ts 5, 9-10
Dios nos ha puesto para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo,
que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos junto con él.

Silencio sagrado (indicado por una campana):
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo 
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.

Responsorio Breve
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
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Cántico Evangélico (Nunc Dimittis)
Los cánticos se toman del Evangelio de Lucas. Se oran o cantan de pie, al principio de su proclamación se hace la señal de la cruz.
Nunc dimittis “ahora dejas”– es el canto de gratitud de Simeón, por la promesa cumplida de ver al Salvador antes de reunirse con Él.
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Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos,
         para que velemos con Cristo y descansemos en paz.


Cántico de Simeón: Lc 2, 29-32
                                                (se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

† Ahora, Señor, según tu promesa,
     puedes dejar a tu siervo irse en paz,
     porque mis ojos han visto a tu Salvador,
     a quien has presentado ante todos los pueblos
     luz para alumbrar a las naciones
     y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos,
         para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

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Oración Conclusiva
Humildemente te pedimos, Señor, 
que después de haber celebrado en este día
los misterios de la resurrección de tu Hijo,
sin temor alguno, descansemos en tu paz,
y mañana nos levantemos alegres 
para cantar nuevamente tus alabanzas.
Por Cristo nuestro Señor.  ¡Amén!

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Bendición
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. ¡Amén!
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Antífonas Finales de la Santísima Virgen
Esta hora se termina con una de las antífonas de la Santísima Virgen que se muestran en el formulario: 
Madre del Redentor, Salve, Reina de los cielos, Dios te salve española, Dios te Salve latinoamericana; Bajo tu amparo, o con algún otro canto debidamente aprobado.
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1.       Dios te salve, Reina y Madre
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
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2.       Madre del Redentor
Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra, engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.
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3.       Salve, Reina de los cielos
Salve, Reina de los cielos y Señora de los ángeles;
salve, raíz; salve, puerta, que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros.
__________________________________________________________________________________________________________________________________
4.       Bajo tu amparo
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,

Oh, Virgen gloriosa y bendita.
__________________________________________________________________________________________________________________________________
5.       Reina del cielo, alégrate
Reina del cielo, alégrate, aleluya,
porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya,
ha resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
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6. "María la Aurora" Traducido y adaptado por Diego Cabrera de “Mary the Dawn” by Kathleen Lundquist

María la Aurora, Cristo el perfecto día;
¡María, la puerta, Cristo, el camino celestial!

María la raíz, Cristo la vid mística;
¡María la uva, Cristo el vino sagrado!

María la gavilla de trigo, Cristo el pan vivo;
¡María el rosal, Cristo la rosa rojo sangre!

María la fuente, Cristo la corriente limpiadora;
¡María el cáliz, Cristo la sangre salvadora!

María el Templo, Cristo el Señor del Templo;
¡María el Santuario, Cristo el Dios adorado!

María el faro, Cristo el lugar de descanso;
¡María el espejo, Cristo la visión bendita!

María la Madre, Cristo el Hijo de la Madre.
Ambos siempre benditos por los tiempos sin fin. ¡Amén!
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