lunes, 31 de agosto de 2020

Liturgia de las Horas para Latinoamérica - Martes, Salterio II, TO


Sobre el Oficio Divino

En el Oficio Divino se rezan himnos, antífonas, salmos, etc.
La gran mayoría son textos extraídos de la Biblia y ordenados de manera estructurada y metódica, de tal forma que,
al leerlas, meditarlas, y compartirlas, 
van dirigidas a Dios usando las mismas palabras con las que Él nos habla.
Al orar en comunión con la Iglesia Universal,esperamos que Nuestro Dios las escuche y nos atienda.


IMPORTANTE:
Toda la información que ofrecemos es generalmente informativa. 
En ningún caso es vinculante o aplicable a situaciones específicas
en las que sólo el pastor o la iglesia responsable tiene la capacidad de adoptar. 

La Parroquia y cualquiera de sus ministerios no somos responsables de la interpretación, aplicación, daño a terceros de cualquier tipo,
daño a la propiedad o cualquier otro que pueda surgir de los documentos que compartimos. 
Las autoridades eclesiásticas tienen que decidir lo que es apropiado y cómo aplicar las reglas actuales de la Iglesia. 

La información que publicamos es de buena fe y gratuita.
P. Diego Cabrera Rojas
Liturgia de las Horas en Latinoamericano

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LAUDES - 
Oración de la mañana

"Si el alma hace buen uso
de las virtudes plantadas en ella,
entonces será de verdad semejante a Dios. 

Él nos enseñó, por medio de sus preceptos,
que debemos redituarle frutos
de todas las virtudes
que sembró en nosotros al crearnos".
San Columbano.
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Las Laudes de la mañana se dirigen y ordenan con la finalidad de santificar la mañana.
Al celebrarse con la salida del sol, nos recuerdan la resurrección de Jesús, El Señor, la luz verdadera
que ilumina a todos los hombres (cf Jn 1,9) y el “Sol de Justicia (Mal 3, 20) que nace de lo alto (Lc 1, 78).
Toda su temática alude al despertar y a su equivalencia simbólica con la resurrección.
En las comunidades religiosas, el horario habitual es las 7 de la mañana,
aunque, naturalmente, se debe adaptar al propio ritmo de vida: lo normal es entre 6 y 10 horas.

NOTA:  La "Oración del Salmo" está traducida y adaptada del Oficio Divino en Inglés para Norteamérica.
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Invitatorio
Cuando Laudes es la primera oración litúrgica de la mañana se puede agregar el salmo Invitatorio antes del himno.
Esta invocación inicial se omite cuando las Laudes empiezan con el Invitatorio.
En el rezo privado, puede decirse la antífona sólo al inicio y al fin. (Se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V.  Señor abre mis labios
R.    Y mi boca proclamará tu alabanza.
V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

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Salmo del Invitatorio
Luego puede decirse el salmo del Invitatorio, con su antífona, como se indica al comienzo, o, si se prefiere, omitido el salmo,
se dice en seguida el himno. (Cuando se aplica la forma responsorial, 
la asamblea repite la antífona después de cada estrofa)
Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo,
otros cantos oportunos y debidamente aprobados. 
El salmo 94 puede sustituirse por el 99, el 66 o el 24. En tal caso,
si el salmo escogido formara parte de la salmodia del día, se dirá en su lugar, en la salmodia, el salmo 94.
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Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Salmo 94 Invitación a la Alabanza Divina
Anímense unos a otro, día tras día, mientras perdura el hoy. Heb 3, 13

Ant. Al Señor, al Dios grande, vengan, adorémoslo.

Vengan, aclamemos al Señor,
     demos vítores a la Roca que nos salva;
     entremos a su presencia dándole gracias,
     aclamándolo con cantos.


Porque el Señor es un Dios grande,
     soberano de todos los dioses:
     tiene en su mano las simas de la tierra,
     son suyas las cumbres de los montes;
     suyo es el mar, porque él lo hizo,

     la tierra firme que modelaron sus manos.


Vengan, postrémonos por tierra,
     bendiciendo al Señor, creador nuestro.
     Porque él es nuestro Dios,
     y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.


Ojalá escuchen hoy su voz:
     «No endurezcan el corazón como en Meribá,
     como el día de Masá en el desierto;
     cuando sus padres me pusieron a prueba
     y dudaron de mí,
     aunque habían visto mis obras.


Durante cuarenta años
     aquella generación me repugnó,
     y dije: Es un pueblo de corazón extraviado,
     que no reconoce mi camino;
     por eso he jurado en mi cólera
     que no entrarán en mi descanso»


V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. Al Señor, al Dios grande, vengan, adorémoslo.
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Salmo 66 (opcional): Que todos los pueblos alaben al Señor
Sepan que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch 28, 28)

Ant. Al Señor, al Dios grande, vengan, adorémoslo.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
     ilumine su rostro sobre nosotros;
     conozca la tierra tus caminos,
     todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
     que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
     porque riges el mundo con justicia,
     riges los pueblos con rectitud
     y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
     que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
     nos bendice el Señor, nuestro Dios.
     Que Dios nos bendiga; que le teman
     hasta los confines del orbe.

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Al Señor, al Dios grande, vengan, adorémoslo.
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Himnos:
Son composiciones poéticas en alabanza a Dios, a la Virgen o a los Santos. Éstos introducen en la celebración un elemento
que nos ayuda a pasar de lo puramente popular a lo eclesial y bíblico.  Además de estos Himnos, pueden usarse,
sobre todo, en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
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Himno: Te damos gracias, Señor.

Te damos gracias, Señor,
     porque has depuesto la ira
     y has detenido ante el pueblo
     la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
     la luz que nos ilumina,
     la mano que nos sostiene
     y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
     del manantial de la Vida
     las aguas que dan al hombre
     la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
     «¡Cántenle con alegría!
     ¡El nombre de Dios es grande!
     ¡Su caridad infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
     Cantemos sus maravillas.
     ¡Qué grande, en medio del pueblo
     el Dios que nos justifica!». ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento que componen la Liturgia de las Horas. 
Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Salmo 42: Deseo del Templo.
                              Yo he venido al mundo como luz. (Jn. 12, 46)

Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
     contra gente sin piedad,
     sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,
     ¿por qué me rechazas?
     ¿Por qué voy andando sombrío,
     hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen
     y me conduzcan hasta tu monte santo,
     hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,
     al Dios de mi alegría;
     que te dé gracias al son de la cítara, Señor, Dios mío.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
     por qué te me turbas?
     Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
     «Salud de mi rostro, Dios mío.»

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Oración del salmo
Padre Todopoderoso, fuente de luz eterna,
envía tu verdad a nuestros corazones
y derrama sobre nosotros el brillo de tu luz.

Ant. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.
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Ant 2. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Cantico - Is 38, 10-14. 17-20: Angustia de un Moribundo y Alegría de la Curación.
Yo soy el que vive y estaba muerto… y tengo las llaves de la muerte. (Apoc 1, 17.18)

Yo pensé: «En medio de mis días
     tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
     me privan del resto de mis años.»

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos,
     ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida como una tienda de pastores.
     Como un tejedor devanaba yo mi vida, y me cortan la trama.»

Día y noche me estás acabando, sollozo hasta el amanecer.
     Me quiebras los huesos como un león,
     día y noche me estás acabando.

Estoy piando como una golondrina, gimo como una paloma.
     Mis ojos mirando al cielo se consumen:
     ¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,
     la amargura se me volvió paz
     cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
     y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias, ni la muerte te alaba,
     ni esperan en tu fidelidad los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban: como yo ahora.
     El Padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
     todos nuestros días en la casa del Señor.

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.
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Ant 3. ¡Oh Dios!, tu mereces un himno en Sión.

Salmo 64 - Solemne Acción de Gracias.
Cuando se habla de Sión debe entenderse del reino eterno (Orígenes).

¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión,
     y a ti se te cumplen los votos,
     porque tú escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal
     a causa de sus culpas;
     nuestros delitos nos abruman,
     pero tú los perdonas.

Dichoso el que tú eliges y acercas
     para que viva en tus atrios:
     que nos saciemos de los bienes de tu casa,
     de los dones sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,
     Dios, salvador nuestro;
     tú, esperanza del confín de la tierra
     y del océano remoto;

Tú que afianzas los montes con tu fuerza,
     ceñido de poder;
     tú que reprimes el estruendo del mar,
     el estruendo de las olas
     y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe
     se sobrecogen ante tus signos,
     y a las puertas de la aurora y del ocaso
     las llenas de júbilo.

Tú cuidas de la tierra, la riegas
     y la enriqueces sin medida;
     la acequia de Dios va llena de agua,
     preparas los trigales;

riegas los surcos, igualas los terrones,
     tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes;
     coronas el año con tus bienes,
     las rodadas de tu carro rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,
     y las colinas se orlan de alegría;
     las praderas se cubren de rebaños,
     y los valles se visten de mieses,
     que aclaman y cantan.

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Oración del salmo
Señor Dios, esperanza de toda la tierra,
escucha la humilde oración de tus hijos mientras cantamos tus alabanzas.
Derrama tu Espíritu sobre nosotros
para que nuestras vidas den frutos abundantemente.

Ant. Alaben al Señor por su inmensa grandeza. ¡Aleluya!
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Lectura Breve   Jr 15, 16
No vivan, hermanos, en tinieblas
para que el día del Señor no los sorprenda como ladrón;
porque todos son hijos de la luz e hijos del día.
No somos de la noche ni de las tinieblas.

Silencio sagrado (indicado por una campana):
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.

Responsorio Breve

V. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
R. Espero en tu palabra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.

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Cántico Evangélico (Benedictus)
Los cánticos son tomados del Evangelio de Lucas. Se rezan o cantan de pie, y se hace la señal de la Cruz al inicio de su proclamación.
Los cánticos evangélicos son solo tres: Benedictus, (Laudes) Magnificat  (Vísperas) y Nunc dimittis (Completas).
El Benedictus, cántico de Zacarías, padre de Juan Bautista, canta la venida del Mesías, como bendición de Dios, "sol que nace de lo alto", 
por lo que su proclamación en Laudes refuerza el sentido matutino simbólico de la oración.
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Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79 - El Mesías y su Precursor
                                                          (se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
     porque ha visitado y redimido a su pueblo.
     suscitándonos una fuerza de salvación
     en la casa de David, su siervo,
     según lo había predicho desde antiguo
     por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
     y de la mano de todos los que nos odian;
     ha realizado así la misericordia
     que tuvo con nuestros padres,
     recordando su santa alianza
     y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
     arrancados de la mano de los enemigos,
     le sirvamos con santidad y justicia,
     en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
     porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,
     anunciando a su pueblo la salvación,
     el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
     nos visitará el sol que nace de lo alto,
     para iluminar a los que viven en tiniebla
     y en sombra de muerte,
     para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.
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Preces - Para consagrar a Dios el día y el trabajo

Bendigamos a nuestro Salvador,
que con su resurrección ha iluminado el mundo, y digámosle suplicantes:
R./ Haz, Señor, que caminemos por tu senda.

Señor Jesús, al consagrar nuestra oración matinal
en memoria de tu santa resurrección,
- te pedimos que la esperanza de participar de tu gloria ilumine todo nuestro día.

Te ofrecemos, Señor, los deseos y proyectos de nuestra jornada:
- dígnate aceptarlos y bendecirlos como primicia de nuestro día.

Concédenos crecer hoy en tu amor,
- a fin de que todo concurra para nuestro bien y el de nuestros hermanos.

Haz, Señor, que el ejemplo de nuestra vida
resplandezca como una luz ante los hombres,
- para que todos den gloria al Padre que está en los cielos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres,
pidamos al Padre que su reino llegue a nosotros:
- Padre Nuestro…

Oración
Señor Jesucristo, luz verdadera que alumbras a todo hombre
y le muestras el camino de la salvación:
concédenos la abundancia de tu gracia
para que preparemos, delante de ti, sendas de justicia y de paz.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios,
por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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Conclusión:
Si preside un presbítero o un diácono, bendice al pueblo, utilizando una de estas dos fórmulas finales:
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Fórmula larga:   
     (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V.  El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio,
     custodie sus corazones y sus pensamientos
     en el conocimiento y el amor de Dios
     y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R. ¡Amén!
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, 
     Padre, Hijo † y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!
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Fórmula breve:   
       (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V.  El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La bendición de Dios todopoderoso,
     Padre, Hijo  y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!
        Si se despide de la comunidad añade:
V. Pueden ir en Paz.
R. ¡Demos gracias a Dios!
        En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un ministro no ordenado, se dice:
V.  El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
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Tiempo Ordinario. Martes de la Semana II - De la Feria. Salterio II

VÍSPERAS - Oración de la tarde

“En la Eternidad éramos;
al nacer comenzamos a existir.
Existir es ser en el tiempo.
Y al morir dejamos de existir,
pero no dejamos de ser.
Somos seres espirituales
que vivimos una aventura terrenal".
Teilhard de Chardin
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Sus motivos aluden al fin del trabajo y del día activo,
y la equivalencia simbólica con la Venida del Señor.
Un horario entre las 7 y las 10 de la noche es adecuado.


Los días que preceden a una Solemnidad no tienen Vísperas.
Las «Primeras Vísperas» son la misma oración que Vísperas,
pero para los domingos y solemnidades, que comienzan la tarde anterior y por eso tienen dos vísperas:
las «primeras», que son la tarde anterior (la del sábado, en el caso de un domingo),
y las «segundas», que son las de la propia tarde cronológica (
la tarde del domingo, sigue el mismo caso).
Evidentemente, el día anterior cede parte de su tiempo al domingo o solemnidad y no tiene vísperas.

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     Invocación Inicial
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. ¡Señor, date prisa en socorrerme!
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén, 
Aleluya!
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Himnos:
Son composiciones poéticas en alabanza a Dios, a la Virgen o a los Santos. Éstos introducen en la celebración un elemento
que nos ayuda a pasar de lo puramente popular a lo eclesial y bíblico.  Además de estos Himnos, pueden usarse,
sobre todo, en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
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Himno: Mentes cansadas.
Mentes cansadas,
     manos encallecidas,
     labriegos al fin de la jornada,
     jornaleros de tu viña,
venimos, Padre,
     atardecidos de cansancio,
     agradecidos por la lucha,
     a recibir tu denario.

Llenos de polvo,
     el alma hecha girones,
     romeros al filo de la tarde,
     peregrinos de tus montes,
venimos, Padre,
     heridos por los desengaños,
     contentos por servir a tu mesa,
     a recibir tu denario.

Hartos de todo,
     llenos de nada,
     sedientos al brocal de tus pozos
     y hambrientos de tu casa,
venimos, Padre,
     el corazón entre tus brazos,
     la frente humilde de delitos,
     a recibir tu denario. ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento que componen la Liturgia de las Horas.
Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. No puedes servir a Dios y al dinero.

Salmo 48 I - Vanidad de las Riquezas   
Es muy difícil que un rico entre en el Reino de los Cielos. (Mt 19, 23)

Oigan esto, todas las naciones,
     escúchenlo, habitantes del orbe:
     plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
     y serán muy sensatas mis reflexiones;
     prestaré oído al proverbio
     y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
     cuando me cerquen y me acechen los malvados,
     que confían en su opulencia
     y se jactan de sus inmensas riquezas,
     si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,
     que nunca les bastará
     para vivir perpetuamente sin bajar a la fosa.

Miren: los sabios mueren,
     lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
     y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
     y su casa de edad en edad,
     aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
     sino que perece como los animales.

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. No puedes servir a Dios y al dinero.
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Ant 2. «Acumulen tesoros en el cielo», dice el Señor.

Salmo 48-II:   
Busca, pues, el conocimiento supremo, no con disquisiciones verbales, sino con la perfección de una buena conducta. (San Columbano)

Éste es el camino de los confiados,
     el destino de los hombres satisfechos:

son un rebaño para el abismo,
     la muerte es su pastor,
     y bajan derechos a la tumba;
     se desvanece su figura
     y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
     me saca de las garras del abismo
     y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
     y aumenta el fasto de su casa:
     cuando muera, no se llevará nada,
     su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:
     «Ponderan lo bien que lo pasas»,
     irá a reunirse con sus antepasados,
     que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
     es como un animal que perece.

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Oración del salmo
Haz que nuestras bocas hablen tu sabiduría, Señor Jesús,
y ayúdanos a recordar que te hiciste hombre
y nos redimiste de la muerte para que merezcamos la belleza de tu luz.

Ant. «Acumulen tesoros en el cielo», dice el Señor.
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Ant 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico - Apoc 11; 11, 5. 9-10. 12: Himno al Dios Creador.
Dios ha de ser creído tal cual es, invisible, aunque el corazón puro pueda, en parte, contemplarlo. (San Columbano)

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
     el honor y el poder, porque tú has creado el universo;
     porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
     porque fuiste degollado
     y por tu sangre compraste para Dios
     hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
     y has hecho de ellos para nuestro Dios
     un reino de sacerdotes y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
     de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
     la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
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Lectura Breve:   Rom 3, 23-25a
Todos pecaron y se hallan privados de la gloria de Dios;
son justificados gratuitamente, mediante la gracia de Cristo,
en virtud de la redención realizada en él,
a quien Dios ha propuesto como instrumento de propiciación.

Silencio sagrado (indicado por una campana):
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.


Responsorio Breve
V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia, Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
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Cántico Evangélico (Magníficat)
Los cánticos se toman del Evangelio de Lucas. Se rezan o cantan de pie, y se hace la señal de la Cruz al principio de su proclamación.
El Magnificat, (Canto de María) es un canto de gratitud de la Virgen al caer la tarde cuando el Ángel la encontró en oración.
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Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

Cántico de María - Lc 1, 46-55. Alegría del Alma en El Señor.
                                                    (se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
     se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
     porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
     porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
     su nombre es santo,
     y su misericordia llega a sus fieles
     de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
     dispersa a los soberbios de corazón,
     derriba del trono a los poderosos
     y enaltece a los humildes,
     a los hambrientos los colma de bienes
     y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
     acordándose de su misericordia
     -como lo había prometido a nuestros padres-
     en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.
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Preces o Intercesiones
Alabemos a Cristo, pastor y obispo de nuestras vidas, 
que vela siempre con amor por su pueblo, y digámosle suplicantes:
R./ Protege, Señor, a tu pueblo.

Pastor eterno, protege a nuestro obispo N.,
- y a todos los pastores de la Iglesia.

Mira con bondad a los que sufren persecución
- y líbralos de todas sus angustias.

Compadécete de los pobres y necesitados
- y da pan a los hambrientos.

Ilumina a los que tienen la misión de gobernar a los pueblos
- y dales sabiduría y prudencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu sangre
- y admítelos en el festín de las bodas eternas.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia,
invoquemos al Padre común:
- Padre nuestro...

Oración
Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, 
humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia,
ilumine siempre nuestras vidas para que así
merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios,
por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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Conclusión:
Si preside un presbítero o un diácono, bendice al pueblo, utilizando una de estas dos fórmulas finales:
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Fórmula larga:   
     (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V.  El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio,
     custodie sus corazones y sus pensamientos
     en el conocimiento y el amor de Dios
     y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R. ¡Amén!
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, 
     Padre, Hijo † y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!
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Fórmula breve:   
       (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V.  El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La bendición de Dios todopoderoso,
     Padre, Hijo  y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!
        Si se despide de la comunidad añade:
V. Pueden ir en Paz.
R. ¡Demos gracias a Dios!

        En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un ministro no ordenado, se dice:
V.  El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
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Tiempo Ordinario. Martes, salterio II - de la Feria.

COMPLETAS  
Oración antes del descanso nocturno

“Él habita en nosotros como el alma en el cuerpo,
a condición de que seamos miembros sanos de él,
de que estemos muertos al pecado." 
(San Columbano)

Sus textos aluden al sueño, y a su equivalencia simbólica con la muerte.
El mejor horario es aquel en que efectivamente vayamos a dormir enseguida. 

Aunque hay una Completas para cada día de la semana, 
es costumbre -aceptada en las rúbricas-
que quienes desean rezarlas de memoria,
lo hagan siempre con una de las dos Completas de domingo,
ya sea la de después de Primeras Vísperas o la de después de Segundas Vísperas.

Las Completas no tienen vinculación estrecha con el desarrollo del calendario litúrgico,
excepto el «aleluya» al final de las antífonas e invocaciones en tiempo pascual.
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Invocación Inicial

V.  Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!

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Examen de Conciencia
“Estamos llamados a tener una conciencia limpia hacia Dios y hacia los hombres,
en nuestros corazones y en nuestras mentes, en nuestras acciones y nuestro descanso.
Para hacerlo, es vital que examinemos nuestra conciencia diariamente y que pidamos la misericordia de Dios
cuando nos sintamos débiles, tentados e incompletos y que le pidamos Su fortaleza para mejorar”.


Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia. 
Aparte de las fórmulas penitenciales mostradas aquí, pueden usarse otras aprobadas. 
Además de himnos mostrados aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo,
otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
Esta hora se termina con una de las antífonas de la Santísima Virgen que se muestran en el formulario: 
Madre del Redentor, Salve, Reina de los cielos, Dios te salve española, Dios te Salve latinoamericana; Bajo tu amparo, 
o con algún otro canto debidamente aprobado.
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Examen de Conciencia (Fórmula 1)
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, 
el cual, en la celebración comunitaria puede concluirse con un acto penitencial de la siguiente forma:

V. Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada
     que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.


     Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos,
     que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión:
     por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

     Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
     a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos,
     que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

V.  El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
     perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
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Examen de Conciencia (Fórmula 2)
En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada.

Después, se prosigue con la fórmula siguiente:
V. Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada
     que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.


V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.

V.  El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
     perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
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Examen de Conciencia (Fórmula 3)
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, 
el cual, en la celebración comunitaria puede concluirse con un acto penitencial de la siguiente forma:

Después, se prosigue con la fórmula siguiente:
V. Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada
     que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.


V. Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
V. Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre
     para interceder por nosotros: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

V.  El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
     perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
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Himnos:
Son composiciones poéticas en alabanza a Dios, a la Virgen o a los Santos. Éstos introducen en la celebración
un elemento que nos ayuda a pasar de lo puramente popular a lo eclesial y bíblico.
Además de estos Himnos, pueden usarse, sobre todo, en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
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Himno: Cuando la luz del sol es ya poniente.

Cuando la luz del sol es ya poniente,
     gracias, Señor, es nuestra melodía;
     recibe, como ofrenda, amablemente,
     nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
     de darle vida al día que fenece,
     convierta en realidad lo que fue un sueño
     tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
     de pecadora en justa, e ilumina
     la senda de la vida y de la muerte
     del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
     la noche oscura sobre nuestro día,
     concédenos la paz y la esperanza
     de esperar cada noche tu gran día. ¡Amén!
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Himno: (opcional) 
Se inclina ya mi frente.
Se inclina ya mi frente,
     sellado está el trabajo;
     Señor, tu pecho sea
     la gracia del descanso.

     Mis ojos se retiran,
     la voz deja su canto,
     pero el amor enciende
     su lámpara velando.

Lucero que te fuiste,
     con gran amor amado,
     en tu gloria dormimos
     y en sueños te adoramos. ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento
que componen la Liturgia de las Horas.  Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.

Salmo 142, 1-11 - Lamentación y Súplica ante la Angustia.
El hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en Cristo Jesús. (Gál 2, 16)

Señor, escucha mi oración;
     tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
     tú que eres justo, escúchame.
     No llames a juicio a tu siervo,
     pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
     empuja mi vida al sepulcro,
     me confina a las tinieblas
     como a los muertos ya olvidados.
     mi aliento desfallece,
     mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
     medito todas tus acciones,
     considero las obras de tus manos
     y extiendo mis brazos hacia ti:
     tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
     que me falta el aliento.
     No me escondas tu rostro,
     igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
     ya que confío en ti;
     indícame el camino que he de seguir,
     pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
     que me refugio en ti.
     Enséñame a cumplir tu voluntad,
     ya que tú eres mi Dios.
     Tu espíritu, que es bueno,
     me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor,
     consérvame vivo;
     por tu clemencia,
     sácame de la angustia.

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.
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Lectura Breve:   1 Pe 5, 8-9
Sean sobrios, estén despiertos: 
su enemigo, el diablo, como león rugiente,
ronda buscando a quien devorar; resístanle, firmes en la fe.

Silencio sagrado (indicado por una campana):
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.


Responsorio Breve
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
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Cántico Evangélico (Nunc Dimittis)
Los cánticos se toman del Evangelio de Lucas. Se oran o cantan de pie, al principio de su proclamación se hace la señal de la cruz.
Nunc dimittis “ahora dejas”– es el canto de gratitud de Simeón, por la promesa cumplida de ver al Salvador antes de reunirse con l.
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Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, 
         para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

Cántico de Simeón - Lc 2, 29-32 se 
(Sehace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Ahora, Señor, según tu promesa,
     puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
     a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
     y gloria de tu pueblo Israel.

V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre,
        por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos,
         para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
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Oración Conclusiva
Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche,
humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia,
ilumine siempre nuestras vidas para que así merezcamos gozar un día
de aquella luz en la que tú habitas eternamente. 

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quién contigo vive y reina
en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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     Bendición
V. El Señor todopoderoso nos conceda
     una noche tranquila y una santa muerte.
R. ¡Amén!
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Antífonas Finales de la Santísima Virgen
Esta hora se termina con una de las antífonas de la Santísima Virgen que se muestran en el formulario:
Madre del Redentor, Salve, Reina de los cielos, Dios te salve española, Dios te Salve latinoamericana; Bajo tu amparo,
o con algún otro canto debidamente aprobado.
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1.       Dios te salve, Reina y Madre
       Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
       vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, 
gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
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2.       Madre del Redentor
       Madre del Redentor, Virgen fecunda,
       puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar,
       ven a librar al pueblo que tropieza y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra, 
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.
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3.       Salve, Reina de los cielos
       Salve, Reina de los cielos y Señora de los ángeles;
       salve, raíz; salve, puerta, que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros.
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4.       Bajo tu amparo
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
Oh, Virgen gloriosa y bendita.
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5.       Reina del cielo, alégrate
Reina del cielo, alégrate, aleluya,
porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya,
ha resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
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6. "María la Aurora" Traducido y adaptado por Diego Cabrera de “Mary the Dawn” by Kathleen Lundquist

María la Aurora, Cristo el perfecto día;
¡María, la puerta, Cristo, el camino celestial!

María la raíz, Cristo la vid mística;
¡María la uva, Cristo el vino sagrado!

María la gavilla de trigo, Cristo el pan vivo;
¡María el rosal, Cristo la rosa rojo sangre!

María la fuente, Cristo la corriente limpiadora;
¡María el cáliz, Cristo la sangre salvadora!

María el Templo, Cristo el Señor del Templo;
¡María el Santuario, Cristo el Dios adorado!

María el faro, Cristo el lugar de descanso;
¡María el espejo, Cristo la visión bendita!

María la Madre, Cristo el Hijo de la Madre.
Ambos siempre benditos por los tiempos sin fin. ¡Amén!


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