domingo, 6 de septiembre de 2020

Liturgia de las Horas para Latinoamérica - Domingo, Salterio III - TO

"Si el alma hace buen uso de las virtudes plantadas en ella,
entonces será de verdad semejante a Dios. 
Él nos enseñó, por medio de sus preceptos, que debemos redituarle frutos
de todas las virtudes que sembró en nosotros al crearnos". San Columbano
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II Domingo del Tiempo Ordinario

Oficio de Lectura
Himno:
Primicias son del sol de su Palabra
Salmodia
: Salmo 144-I / Salmo 144-II / Salmo 144-III
Primera Lectura:
Job es Privado de sus Bienes
Comienza el libro de Job 1, 1-22
Segunda Lectura: Un Hombre Simple y Honrado, Temeroso de Dios. 
De los libros de las Morales de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job. (Libro 1, 2. 36: PL 75, 529-530. 543-544)

Laudes
Himno:
Las sombras oscuras huyen.
Salmodia
: Salmo 92 / Cantico: Dn 3, 57-88. 56 / Salmo 148.
Lectura Breve:
Ez 37, 12b-14

Vísperas
Himno: Santa unidad y Trinidad beata.
Salmodia
: Salmo 109, 1-5.7 / Salmo 110 /Cántico, Cf. Ap 19,1-2, 5-7
Lectura Breve:
1Pe 1, 3-5

Completas
Himno:
Cuando la luz del sol es ya poniente.
Salmodia
: Salmo 90
Lectura Breve:
Ap 22, 4-5
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Tercia
Himno:
Ven, Espíritu Santo, luz y gozo
Salmodia
: Salmo 119 / Salmo 120 / Salmo 121
Lectura Breve:
8, 15-16

Sexta
Himno:
Cuando la luz del día está en su cumbre.
Salmodia
: Salmo 122 / Salmo 123 / Salmo 124
Lectura Breve:
Rm 8, 22-23

Nona
Himno:
Fundamento de todo lo que existe.
Salmodia
: Salmo 117-I / Salmo 117-II / Salmo 117-III
Lectura Breve:
2Tm 1, 9
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Tiempo Ordinario - Domingo de la Semana II - De La Feria. Salterio II


¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz
y la gloria del Señor brilla sobre ti!
Porque las tinieblas cubren la tierra
y una densa oscuridad, a las naciones,
pero sobre ti brillará el Señor
y su gloria aparecerá sobre ti.

Las naciones caminarán a tu luz
y los reyes, al esplendor de tu aurora.  (Is 60, 1-3)

Oficio de Lectura: Oración Primera

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Invitatorio
El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes,
según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo.
Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada
(Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73),
antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.

Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora;
luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión 
y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, 
omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc. 
Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

(Se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V.   Señor, abre mis labios.
R.  Y mi boca proclamará tu alabanza.

V.  Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.  Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén! 

Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración: 

V.   Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre;
      limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos,
      perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento
      y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente
      pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado
      en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. ¡Amén!
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Salmo del Invitatorio
Luego puede decirse el salmo del Invitatorio, con su antífona, como se indica al comienzo, o, si se prefiere, omitido el salmo, se dice en seguida el himno. 
(Cuando se aplica la forma responsorial, la asamblea repite la antífona después de cada estrofa) Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados. El salmo
94 puede sustituirse por el 99, el 66 o el 24.  
En tal caso, si el salmo escogido forma parte de la salmodia del día, se dirá en su lugar, en la salmodia, el salmo 94.
Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.
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Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la roca que nos salva, ¡Aleluya!

Salmo 94 - Invitación a la Alabanza Divina
Anímense unos a otro, día tras día, mientras perdura el hoy. Heb 3, 13

Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva;
     entremos a su presencia dándole gracias,
     aclamándolo con cantos.


Porque el Señor es un Dios grande,
     soberano de todos los dioses:
     tiene en su mano las simas de la tierra,
     son suyas las cumbres de los montes;
     suyo es el mar, porque él lo hizo,
 
     la tierra firme que modelaron sus manos.


Vengan, postrémonos por tierra,
     bendiciendo al Señor, creador nuestro.
     Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo,
     el rebaño que él guía.


Ojalá escuchen hoy su voz:
     «No endurezcan el corazón como en Meribá,
     como el día de Masá en el desierto;
     cuando sus padres me pusieron a prueba
     y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.


Durante cuarenta años
     aquella generación me repugnó,
     y dije: Es un pueblo de corazón extraviado,
     que no reconoce mi camino;
     por eso he jurado en mi cólera
     que no entrarán en mi descanso»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
     Como era en el principio, ahora y siempre,
     por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la roca que nos salva, ¡Aleluya!
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Himnos:
Son composiciones poéticas en alabanza a Dios, a la Virgen o a los Santos. Éstos introducen en la celebración un elemento que nos ayuda a pasar de lo puramente popular a lo eclesial y bíblico.  Además de estos Himnos, pueden usarse, sobre todo, en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
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 Himno: Primicias son del sol de su Palabra

Primicias son del sol de su Palabra
     las luces fulgurantes de este día;
     despierte el corazón, que es Dios quien llama,
     y su presencia es la que ilumina.

 Jesús es el que viene y el que pasa
     en Pascua permanente entre los hombres,
     resuena en cada hermano su palabra,
     revive en cada vida sus amores.

 Abran el corazón, es él quien llama
     con voces apremiantes de ternura;
     vengan: habla, Señor, que tu palabra
     es vida y salvación de quien la escucha.

 El día del Señor, eterna Pascua,
     que nuestro corazón inquieto espera,
     en ágape de amor ya nos alcanza,
     solemne memorial en toda fiesta.

Honor y gloria al Padre que nos ama,
     y al Hijo que preside esta asamblea,
     cenáculo de amor le sea el alma,
     su Espíritu por siempre sea en ella. ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de dos salmos y un cántico bíblico del Antiguo o del Nuevo Testamento que componen la Liturgia de las Horas.
Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa. Al inicio, cada Salmo tiene un enunciado y una breve cita bíblica o cita de algún Padre de la Iglesia. A los Salmos se les conoce en hebreo como “Tehillim”  que significa “cántico de Alabanza”, en griego es “Psalmoi”, que significa “cántico que ha de ser entonado al son del salterio”  El versículo Gloria al Padre se dice al final de todos los salmos y cánticos del Oficio de lectura.
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Ant 1. Día tras día te bendeciré, Señor. ¡Aleluya!

Salmo 144 – I - 1-13a: Himno a la grandeza de Dios.
Tú, Señor, el que eras y eres, el Santo, eres justo. (Ap 16,5)

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
     bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día te bendeciré
     y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
     es incalculable su grandeza;
     una generación pondera tus obras a la otra,
     y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
     y yo repito tus maravillas;
     encarecen ellos tus temibles proezas,
     y yo narro tus grandes acciones;
     difunden la memoria de tu inmensa bondad,
     y aclaman tus victorias.

El Señor es clemente y misericordioso,
     lento a la cólera y rico en piedad;
     el Señor es bueno con todos,
     es cariñoso con todas sus criaturas.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant . Día tras día te bendeciré, Señor. ¡Aleluya!
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Ant 2. Tu reinado, Señor, es un reinado perpetuo. ¡Aleluya!

Salmo 144 - II - 1-13a: Himno a la grandeza de Dios.
Tú, Señor, el que eras y eres, el Santo, eres justo. (Ap 16,5)

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
     que te bendigan tus fieles;
     que proclamen la gloria de tu reinado,
     que hablen de tus hazañas;

explicando tus hazañas a los hombres,
     la gloria y majestad de tu reinado.
     Tu reinado es un reinado perpetuo,
     tu gobierno va de edad en edad.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. Tu reinado, Señor, es un reinado perpetuo. ¡Aleluya!
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Ant 3. El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. ¡Aleluya!

Salmo 144,13b-21: Himno de Acción de Gracias.
Los reyes de la tierra llevarán a la ciudad santa su esplendor (cf. Ap 21, 24)

El Señor es fiel a sus palabras,
     bondadoso en todas sus acciones.
     El Señor sostiene a los que van a caer,
     endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,
     tú les das la comida a su tiempo;
     abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos,
     es bondadoso en todas sus acciones;
     cerca está el Señor de los que lo invocan,
     de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
     escucha sus gritos, y los salva.
     El Señor guarda a los que lo aman,
     pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
     todo viviente bendiga su santo nombre
     por siempre jamás.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Oración del salmo
Señor, acércate a todos los que te invocan de verdad
y aumenta la dedicación de aquellos que te veneran.
Escucha sus oraciones y sálvalas para que siempre te amen
y alaben tu santo nombre.

Ant. El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. ¡Aleluya!
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Silencio sagrado (indicado por una campana):
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.

V. Hijo mío, haz caso a mis palabras.
R. presta oído a mis consejos.
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Lectura Bíblica:
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Primera Lectura: Comienza el libro de Job 1, 1-22
Job es Privado de sus Bienes.

Había una vez en tierra de Hus un hombre que se llamaba Job.
Era un hombre justo y honrado, temeroso de Dios y apartado del mal.
Tenía siete hijos y tres hijas. Tenía siete mil ovejas, tres mil camellos,
quinientas yuntas de bueyes, quinientas burras y una servidumbre numerosa.
Era el más rico entre los hombres de Oriente.

Sus hijos solían celebrar banquetes, un día en casa de cada uno,
e invitaban a sus tres hermanas a comer con ellos.
Terminados esos días de fiesta, Job los hacía venir para purificarlos:
madrugaba y ofrecía un holocausto por cada uno, por si habían pecado
y maldecido a Dios en su interior. Esto lo solía hacer Job cada vez.

Un día fueron los ángeles y se presentaron al Señor;
entre ellos llegó también Satanás. El Señor le preguntó: «¿De dónde vienes?»

Él respondió:
«De dar vueltas por la tierra.»

El Señor le dijo:
«¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él:
es un hombre justo y honrado que teme a Dios y se aparta del mal.»


Satanás le respondió:
«¿Y crees que teme a Dios de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido,
a él, a su hogar y a todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos,
y sus rebaños se ensanchan por el país; pero extiende la mano, daña sus posesiones,
y te apuesto a que te maldecirá en tu cara.»


El Señor dijo:
«Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques.»
Y Satanás se marchó.

Un día que los hijos e hijas de Job comían y bebían en casa del hermano mayor,
llegó un mensajero a casa de Job y le dijo: «Estaban los bueyes arando
y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos,
apuñalearon a los mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo.»


No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo:
«Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores.
Sólo yo pude escapar para contártelo.»


No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo:
«Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó,
y apuñaleó a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo.»


No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo:
«Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor,
 cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa,
que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo.»


Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra
y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él.
El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.»


En todo esto no pecó Job, ni dijo nada insensato contra Dios.

Responsorio: Jb 2, 10; 1, 21
R. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?
     * El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.


V. Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él.

R. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.
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Lectura Patrística – Un Hombre Simple y Honrado, Temeroso de Dios.
De los libros de las Morales de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job.. (Libro 1, 2. 36: PL 75, 529-530. 543-544)

Hay algunos cuya simplicidad llega hasta ignorar lo que es honrado.
Esta simplicidad no es la simplicidad de la inocencia,
ya que no los conduce a la virtud de la honradez;
pues, en la medida en que no saben ser cautos por su honradez,
su simplicidad deja de ser verdadera inocencia.

De ahí que Pablo amonesta a los discípulos con estas palabras:
Quiero que sean sabios para el bien y simples para todo mal.
Y dice también: Sean niños sólo en malicia; sean adultos en juicio.

De ahí que la misma Verdad en persona manda a sus discípulos:
Sean prudentes como serpientes y simples como palomas.
Nos manda las dos cosas de manera inseparable,
para que así la astucia de la serpiente complemente la simplicidad de la paloma
y, a la inversa, la simplicidad de la paloma modere la astucia de la serpiente.

Por esto el Espíritu Santo hizo visible a los hombres su presencia,
no sólo con figura de paloma, sino también de fuego.
La paloma, en efecto, representa la simplicidad, y el fuego representa el celo.
Y así se mostró bajo esta doble figura, para que todos los que están llenos de él
 practiquen la simplicidad de la mansedumbre, sin por eso dejar de inflamarse
en el celo de la honradez contra las culpas de los que delinquen.

Simple y honrado, temeroso de Dios y apartado del mal.
Todo el que anhela la patria eterna vive con simplicidad y honradez:
con simplicidad en sus obras, con honradez en su fe;
con simplicidad en las buenas obras que realiza aquí abajo,
con honradez por su intención que tiende a las cosas de arriba.
Hay algunos, en efecto, a quienes les falta simplicidad
en las buenas obras que realizan, porque buscan no la retribución espiritual,
sino el aplauso de los hombres.
Por esto dice con razón uno de los libros sapienciales:
¡Ay del hombre que va por dos caminos!
Va por dos caminos el hombre pecador que, por una parte,
realiza lo que es conforme a Dios,
pero, por otra, busca con su intención un provecho mundano.

Bien dice el libro de Job: Temeroso de Dios y apartado del mal;
porque la santa Iglesia de los elegidos inicia su camino
de simplicidad y honradez por el temor, pero lo lleva a la perfección por el amor.
Ella, en efecto, se aparta radicalmente del mal, cuando, por amor a Dios,
empieza a detestar el pecado. Cuando practica el bien movida sólo por el temor,
 todavía no se ha apartado totalmente del mal, ya que continúa pecando
por el hecho de que querría pecar si pudiera hacerlo impunemente.

Acertadamente, pues, se afirma de Job que era temeroso de Dios
y, al mismo tiempo, apartado del mal; porque, cuando el amor sigue al temor,
queda eliminada incluso aquella parte de culpa que subsistía en nuestro interior, por nuestro mal deseo.

Responsorio:    Hb 13,21; 2M 1, 4

R/. Que Dios los haga perfectos en todo bien, para hacer su voluntad,
      
* cumpliendo en ustedes lo que es grato en su presencia por Jesucristo.

V/. Que abra Dios su corazón a su ley y a sus preceptos.

R/. Cumpliendo en ustedes lo que es grato en su presencia por Jesucristo.
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HIMNO FINAL - Te Deum  (Versión Vaticana  https://www.vaticannews.va/es/oraciones/te-deum.html)
En los domingos, en las solemnidades y en las fiestas después del segundo responsorio, se dice el siguiente himno:
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 A ti, oh Dios, te alabamos,
       a ti, Señor, te reconocemos.
       A ti, eterno Padre, te venera toda la creación. 

Los ángeles todos, los cielos
      y todas las potestades te honran. 

Los querubines y serafines
      te cantan sin cesar: 

Santo, Santo, Santo es el Señor,
     Dios del universo.
     Los cielos y la tierra están llenos
     de la majestad de tu gloria. 

A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
      la multitud admirable de los Profetas,
      el blanco ejército de los mártires. 

A ti la Iglesia santa,
     extendida por toda la tierra, te proclama: 

Padre de inmensa majestad,
     Hijo único y verdadero,
     digno de adoración,
     Espíritu Santo, Defensor. 

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
      Tú eres el Hijo único del Padre. 

Tú, para liberar al hombre,
     aceptaste la condición humana
     sin desdeñar el seno de la Virgen. 

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
     abriste a los creyentes el reino del cielo. 

Tú te sientas a la derecha de Dios
     en la gloria del Padre.

Creemos que un día
    has de venir como juez. 

Te rogamos, pues,
     que vengas en ayuda de tus siervos,
     a quienes redimiste con tu preciosa sangre. 

Haz que en la gloria eterna
     nos asociemos a tus santos. 

    La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno. 

Salva a tu pueblo, Señor,
     y bendice tu heredad. 

Sé su pastor y ensálzalo eternamente. 

Día tras día te bendecimos
     y alabamos tu nombre para siempre,
     por eternidad de eternidades. 

Dígnate, Señor, en este día
     guardarnos del pecado. 

Ten piedad de nosotros, Señor,
     ten piedad de nosotros. 

Que tu misericordia, Señor,
     venga sobre nosotros,
     como lo esperamos de ti. 

En ti, Señor, confié,
     no me veré defraudado para siempre.
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Oración Conclusiva
Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados,
para que puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos
que se aparten de todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan,
y que cumplan lo que ese nombre significa. 

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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Conclusión 
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade: 

V.  Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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LAUDES - Oración de la mañana

“El Dios que buscamos no está lejos de nosotros,
ya que está dentro de nosotros,
si somos dignos de esta presencia."
San Columbano

Toda su temática alude al despertar y a su equivalencia simbólica con la resurrección. 
En las comunidades religiosas, el horario habitual es las 7 de la mañana, 
aunque, naturalmente, se debe adaptar al propio ritmo de vida: lo normal es entre 6 y 10 hs.
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Invitatorio
Cuando Laudes es la primera oración litúrgica de la mañana se puede agregar el salmo Invitatorio antes del himno.
Esta invocación inicial se omite cuando las Laudes empiezan con el Invitatorio.

En el rezo privado, puede decirse la antífona sólo al inicio y al fin. (Se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V. † Señor abre mis labios.
R.    Y mi boca proclamará tu alabanza.
V.    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.    Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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Salmo del Invitatorio
Luego puede decirse el salmo del Invitatorio, con su antífona, como se indica al comienzo, o, si se prefiere, omitido el salmo, se dice en seguida el himno.
(Cuando se aplica la forma responsorial, 
la asamblea repite la antífona después de cada estrofa) Además de los himnos que aparecen aquí,
pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.

El salmo 94 puede sustituirse por el 99, el 66 o el 24. En tal caso,
si el salmo escogido formara parte de la salmodia del día, se dirá en su lugar, en la salmodia, el salmo 94.
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Ant. ¡Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la roca que nos salva, Aleluya!

Salmo 94 Invitación a la Alabanza Divina
Anímense unos a otros cada día, mientras dura este hoy, para que nadie se endurezca seducido por el pecado. Heb. 3, 13

Se repite la antífona al final de cada párrafo:
Vengan, aclamemos al Señor,
     demos vítores a la Roca que nos salva;
     entremos a su presencia dándole gracias,
     aclamándolo con cantos.


Porque el Señor es un Dios grande,
     soberano de todos los dioses:
     tiene en su mano las simas de la tierra,
     son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,

     la tierra firme que modelaron sus manos.


Vengan, postrémonos por tierra,
     bendiciendo al Señor, creador nuestro.
     Porque él es nuestro Dios,
     y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.


Ojalá escuchen hoy su voz:
     «No endurezcan el corazón como en Meribá,
     como el día de Masá en el desierto;
     cuando sus padres me pusieron a prueba
     y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.


Durante cuarenta años aquella generación me repugnó,
     y dije: Es un pueblo de corazón extraviado,
     que no reconoce mi camino;
     por eso he jurado en mi cólera

     que no entrarán en mi descanso»

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant.
¡Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la roca que nos salva, Aleluya!
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Salmo del Invitatorio (Opcional)
El salmo 94 puede sustituirse por el 99, el 66 o el 24. En tal caso,
si el salmo escogido formara parte de la salmodia del día, se dirá en su lugar, en la salmodia, el salmo 94.

Ant. ¡Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la roca que nos salva, Aleluya!

Salmo 99: Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S. Atanasio)

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Aclama al Señor, tierra entera,
     sirvan al Señor con alegría,
     entren en su presencia con vítores.

Se repite la antífona.

Sepan que el Señor es Dios:
     que él nos hizo y somos suyos,
     su pueblo y ovejas de su rebaño.

Se repite la antífona.

Entren por sus puertas con acción de gracias,
     por sus atrios con himnos,
     dándole gracias y bendiciendo su nombre:

Se repite la antífona.

«El Señor es bueno,
     su misericordia es eterna,
     su fidelidad por todas las edades.»

Se repite la antífona.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. ¡Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la roca que nos salva, Aleluya!
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Himnos:
Son composiciones poéticas en alabanza a Dios, a la Virgen o a los Santos. Éstos introducen en la celebración un elemento
que nos ayuda a pasar de lo puramente popular a lo eclesial y bíblico.  Además de estos Himnos, pueden usarse,
sobre todo, en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
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Himno: Las sombras oscuras huyen.

Las sombras oscuras huyen,
     ya va pasando la noche;
     y el sol, con su luz de fuego,
     nos disipa los temores.

Ya se apagan las estrellas
     y se han encendido soles;
     el rocío cae de los cielos
     en el cáliz de las flores.

Las criaturas van vistiendo
     sus galas y sus colores,
     porque al nacer nuevo día
     hacen nuevas las canciones.

¡Lucero, Cristo, del alba,
     que paces entre esplendores,
     apacienta nuestras vidas
     ya sin sombras y sin noches!

¡Hermoso Cristo, el Cordero,
     entre collados y montes! ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento
que componen la Liturgia de las Horas. 
Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. El Señor es admirable en el cielo. ¡Aleluya!

Salmo 92: Gloria al Dios Creador.
                              Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo, alegrémonos y gocemos y démosle gracias (Apoc. 19, 6. 7)

El Señor reina vestido de majestad,
     el Señor, vestido y ceñido de poder:
     así está firme el orbe y no vacila.

Tu trono está firme desde siempre,
      y tú eres eterno.

Levantan los ríos, Señor,
     levantan los ríos su voz,
     levantan los ríos su fragor;

pero más que la voz de aguas caudalosas,
     más potente que el oleaje del mar,
     más potente en el cielo es el Señor.

Tus mandatos son fieles y seguros;
     la santidad es el adorno de tu casa,
     Señor, por días sin término.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Oración del salmo
Todo el poder y toda la autoridad en el cielo y la tierra te han sido dados, Señor Jesús;
Tú gobiernas con decretos que son firmes y confiables.
Quédate siempre con nosotros para que podamos ser discípulos
cuya santidad sea digna de tu casa.

Ant. El Señor es admirable en el cielo. ¡Aleluya!
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Ant 2. Tú, Señor, eres alabado y ensalzado por los siglos. ¡Aleluya!

Cantico: Dn 3, 57-88. 56: Toda la Creación Alabe al Señor
                         Alaben al Señor, sus siervos todos (Ap 19, 5)

Creaturas todas del Señor, bendigan al Señor,
     ensálcenlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendigan al Señor;
     cielos, bendigan al Señor.

Aguas del espacio, bendigan al Señor;
     ejércitos del Señor, bendigan al Señor.

Sol y luna, bendigan al Señor;
     astros del cielo, bendigan al Señor.

Lluvia y rocío, bendigan al Señor;
     vientos todos, bendigan al Señor.

Fuego y calor, bendigan al Señor;
     fríos y heladas, bendigan al Señor.

Rocíos y nevadas, bendigan al Señor;
     témpanos y hielos, bendigan al Señor.

Escarchas y nieves, bendigan al Señor;
     noche y día, bendigan al Señor.

Luz y tinieblas, bendigan al Señor;
     rayos y nubes, bendigan al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
     ensálcenlo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendigan al Señor;
     cuanto germina en la tierra, bendigan al Señor.

Manantiales, bendigan al Señor;
     mares y ríos, bendigan al Señor.

Cetáceos y peces, bendigan al Señor;
     aves del cielo, bendigan al Señor.

Fieras y ganados, bendigan al Señor,          
     ensálcenlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendigan al Señor;
     bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendigan al Señor;
     siervos del Señor, bendigan al Señor.

Almas y espíritus justos, bendigan al Señor;
     santos y humildes de corazón, bendigan al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendigan al Señor,
     ensálcenlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
     ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
    alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. Tú, Señor, eres alabado y ensalzado por los siglos. ¡Aleluya!
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Ant 3.  Alaben al Señor en el cielo. ¡Aleluya!

Salmo 148 - Alabanza del Dios Creador
Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (Ap 5, 13)

Alaben al Señor en el cielo,
      Alaben al Señor en lo alto.

Alábenlo todos sus ángeles,
      Alábenlo todos sus ejércitos.

Alábenlo, sol y luna;
      Alábenlo, estrellas lucientes.

Alábenlo, espacios celestes,
     y aguas que cuelgan en el cielo.

Alaben el nombre del Señor,
     porque él lo mandó, y existieron.

Les dio consistencia perpetua
     y una ley que no pasará.

Alaben al Señor en la tierra,
      cetáceos y abismos del mar.

Rayos, granizo, nieve y bruma,
     viento huracanado que cumple sus órdenes.

Montes y todas las sierras,
     árboles frutales y cedros.

Fieras y animales domésticos, 
      reptiles y pájaros que vuelan.

Reyes y pueblos del orbe, 
      príncipes y jefes del mundo.

Los jóvenes y también las doncellas,
      los viejos junto con los niños.

Alaben el nombre del Señor, 
      el único nombre sublime.

Su majestad sobre el cielo y la tierra;
      él acrece el vigor de su pueblo.

Alabanza de todos sus fieles, 
      de Israel, su pueblo escogido.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Oración del salmo
Señor, eres exaltado en las alturas por los poderes angélicos,
y también eres alabado por toda criatura de la tierra, cada una a su manera.
Con todo el esplendor de la adoración celestial,
te deleitas más en las muestras de amor que la tierra puede ofrecer.
Que juntos, el cielo y la tierra te aclamen como Rey.
Que la alabanza que se canta en el cielo
resuene en el corazón de cada criatura en la tierra.

Ant. Alaben al Señor en el cielo. ¡Aleluya!
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Lectura Breve: Ez 37, 12b-14
Así dice el Señor. «Yo mismo abriré sus sepulcros,
y los haré salir de sus sepulcros, pueblo mío,
y los traeré a la tierra de Israel.
Y cuando abra sus sepulcros y los saque de sus sepulcros, pueblo mío,
sabrán que yo soy el Señor: les infundiré mi espíritu y vivirán,
los colocaré en su tierra y sabrán que yo el Señor lo digo y lo hago.»
Oráculo del Señor.

Silencio sagrado (indicado por una campana):
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.


Responsorio Breve
V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
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Cántico Evangélico (Benedictus)
Los cánticos son tomados del Evangelio de Lucas. Se rezan o cantan de pie, y se hace la señal de la Cruz al inicio de su proclamación.
Los cánticos evangélicos son solo tres: Benedictus, (Laudes) Magnificat  (Vísperas) y Nunc dimittis (Completas).
El Benedictus, cántico de Zacarías, padre de Juan Bautista, canta la venida del Mesías, como bendición de Dios, "sol que nace de lo alto", 
por lo que su proclamación en Laudes refuerza el sentido matutino simbólico de la oración.
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Ant. “Como quieren que los demás hagan con ustedes,
         háganlo igualmente con ellos”, dice el Señor.

Cántico de Zacarías: Lc 1, 68-79 - El Mesías y su Precursor
                                                           (se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
     porque ha visitado y redimido a su pueblo.
     suscitándonos una fuerza de salvación
     en la casa de David, su siervo,
     según lo había predicho desde antiguo
     por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
     y de la mano de todos los que nos odian;
     ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
     recordando su santa alianza
     y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
     arrancados de la mano de los enemigos,
     le sirvamos con santidad y justicia,
     en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
     porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,
     anunciando a su pueblo la salvación,
     el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
     nos visitará el sol que nace de lo alto,
     para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte,
     para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. “Como quieren que los demás hagan con ustedes,
         háganlo igualmente con ellos”, dice el Señor.
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Preces - Para consagrar a Dios el día y el trabajo
Invoquemos a Dios Padre que envió al Espíritu Santo,
para que con su luz santísima penetrara las almas de sus fieles, y digámosle:
R./ Ilumina, Señor, a tu pueblo.

Te bendecimos, Señor, luz nuestra,
- porque a gloria de tu nombre nos has hecho llegar a este nuevo día.

Tú que por la resurrección de tu Hijo quisiste iluminar el mundo,
- haz que tu Iglesia difunda entre todos los hombres la alegría pascual.

Tú que por el Espíritu de la verdad adoctrinaste a los discípulos de tu Hijo,
- envía este mismo Espíritu a tu Iglesia para que permanezca siempre fiel a ti.

Tú que eres luz para todos los hombres,
acuérdate de los que viven aún en las tinieblas
- y abre los ojos de su mente para que te reconozcan a ti, único Dios verdadero.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto nos atrevemos a decir:
Padre Nuestro…

Oración Conclusiva

Concédenos, Dios todopoderoso,
que la constante meditación de tu doctrina
nos impulse a hablar y a actuar siempre según tu voluntad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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Conclusión
Si preside un presbítero o un diácono, bendice al pueblo, utilizando una de estas dos fórmulas finales:
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Fórmula larga:  † (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio,
     custodie sus corazones y sus pensamientos
     en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R. ¡Amén!
V. Y la bendición de Dios todopoderoso,
     Padre, Hijo
 † y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!
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Fórmula breve:  (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La bendición de Dios todopoderoso,
     Padre, Hijo
y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!

        Si se despide de la comunidad añade:
V. Pueden ir en Paz.
R. ¡Demos gracias a Dios!

        En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un ministro no ordenado, se dice:
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
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HORA TERCIA - Oración de Media mañana

El origen de tercia, como el de sexta y nona,
con las cuales tiene una estrecha relación, data de tiempos apostólicos.

Como ya se ha establecido, de acuerdo a una antigua costumbre
de los 
romanos y los griegos, el día y la noche, fueron divididos
en cuatro partes de cerca de tres horas cada una.

La segunda división de las horas del día
fue la de tercia desde las nueve hasta el mediodía.

Estas divisiones del día también estaban en boga entre los judíos en tiempos de Cristo.
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Invocación Inicial
V. † Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
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Himnos
Además de himnos mostrados aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo,
otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
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Himno: Ven Espíritu Santo, Luz y Gozo

Ven, Espíritu Santo, luz y gozo,
     Amor, que en tus incendios nos abrasas:
     renueva el alma de este pueblo tuyo
     que por mis labios canta tu alabanza.

En sus fatigas diarias, sé descanso;
     en su lucha tenaz, vigor y gracia:
     haz germinar la caridad del Padre,
     que engendra flores y que quema zarzas.

Ven, Amor, que iluminas el camino,
     compañero divino de las almas:
     ven con tu viento a sacudir al mundo
     y a abrir nuevos senderos de esperanza. ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento
que componen la Liturgia de las Horas. Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. Llamé, y él me respondió.

Salmo 119 (120): Deseo de la paz.
Estén firmes en la tribulación, sean asiduos en la oración (Rm 12,12)

En mi aflicción llamé al Señor,
     y él me respondió.
     Líbrame, Señor, de los labios mentirosos,
     de la lengua traidora.

¿Qué te va a dar o a mandar Dios,
     lengua traidora?
     Flechas de arquero, afiladas
     con ascuas de retama.

¡Ay de mí, desterrado en Masac,
     acampado en Cadar!
     Demasiado llevo viviendo
     con los que odian la paz;
     cuando yo digo: «Paz»,
     ellos dicen: «Guerra».

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant.
Llamé, y él me respondió.
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Ant 2. El Señor guarda tus entradas y salidas.

Salmo 120 (121): El guardián del pueblo.
Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno (Ap 7,16)

Levanto mis ojos a los montes:
     ¿de dónde me vendrá el auxilio?
     El auxilio me viene del Señor,
     que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
     tu guardián no duerme;
     no duerme ni reposa el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
     está a tu derecha;
     de día el sol no te hará daño,
     ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
     él guarda tu alma;
     el Señor guarda tus entradas y salidas,
     ahora y por siempre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant 2. El Señor guarda tus entradas y salidas.
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Ant 3. Me he alegrado por lo que me dijeron.

Salmo 121 (122): La ciudad santa de Jerusalén.
Se han acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo (Hb 12,22)

¡Qué alegría cuando me dijeron:
     «Vamos a la casa del Señor»!
     Ya están pisando nuestros pies
     tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
     como ciudad bien compacta.
     Allá suben las tribus,
     las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
     a celebrar el nombre del Señor;
     en ella están los tribunales de justicia
     en el palacio de David.

Deseen la paz a Jerusalén:
     «Vivan seguros los que te aman,
     haya paz dentro de tus muros,
     seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
     voy a decir: «La paz contigo.»
     Por la casa del Señor, nuestro Dios,
     te deseo todo bien.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant 3. Me he alegrado por lo que me dijeron.
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Lectura Breve   Rm 8, 15-16
No han recibido espíritu de esclavitud, para recaer otra vez en el temor,
sino que han recibido espíritu de adopción filial, por el que clamamos: «¡Padre!».
Este mismo Espíritu se une a nosotros para testificar que somos hijos de Dios.

Silencio sagrado (indicado por una campana):
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.


V. En ti, Señor, está la fuente viva.
R. Y tu luz nos hace ver la luz.
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Oración Final
Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados,
para que puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos
que se aparten de todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan,
y que cumplan lo que ese nombre significa.

Por Cristo nuestro Señor. ¡Amén!
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Conclusión
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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HORA SEXTA - Oración del Mediodía
A pesar de su antigüedad la hora sexta
nunca tuvo la importancia de las vigilias, maitines y vísperas.

Los más antiguos testimonios parecen referirse
a una breve oración de naturaleza privada.

Casiano nos dice que en Palestina se recitaban tres Salmos en sexta,
como también en las horas tercia y nona.

Este número fue adoptado por las Reglas de San Columbano,
San Benito, San Isidoro y San Fructuoso, y en cierta medida por la Iglesia Romana.

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Invocación Inicial
V. † Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
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Himnos
Además de himnos mostrados aquí, pueden usarse,
sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.

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Himno: Cuando la luz del día está en su cumbre.

Cuando la luz del día está en su cumbre,
     eres, Señor Jesús, luz y alegría
     de quienes en la fe y en la esperanza
     celebran ya la fiesta de la Vida.

Eres resurrección, palabra y prenda
     de ser y de vivir eternamente;
     sembradas de esperanzas nuestras vidas,
    serán en ti cosecha para siempre.

Ven ya, Señor Jesús, Salvador nuestro,
     de tu radiante luz llena este día,
     camino de alegría y de esperanza,
     cabal acontecer de nueva vida.

Concédenos, oh Padre omnipotente,
     por tu Hijo Jesucristo, hermano nuestro,
     vivir ahora el fuego de tu Espíritu,
     haciendo de esta tierra un cielo nuevo. ¡Amén!
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Himno (opcional): Alfarero del hombre, mano trabajadora.

Alfarero del hombre, mano trabajadora
     que, de los hondos limos iniciales,
     convocas a los pájaros a la primera aurora,
     al pasto, los primeros animales.

De mañana te busco, hecho de luz concreta,
     de espacio puro y tierra amanecida.
     De mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta
     de los sonoros ríos de la vida.

El árbol toma cuerpo, y el agua melodía;
     tus manos son recientes en la rosa;
     se espesa la abundancia del mundo a mediodía,
     y estás de corazón en cada cosa.

No hay brisa, si no alientas; monte, si no estás dentro,
     ni soledad en que no te hagas fuerte.
     Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro:
     tú, por la luz; el hombre, por la muerte.

¡Que se acabe el pecado! ¡Mira, que es desdecirte
     dejar tanta hermosura en tanta guerra!
     Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte
     de haberle dado un día las llaves de la tierra. ¡Amén!

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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento
que componen la Liturgia de las Horas. Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.

Salmo 122: El Señor, esperanza del pueblo.
Dos ciegos… se pusieron a gritar: «¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!». (Mt 20,30)

A ti levanto mis ojos,
     a ti que habitas en el cielo.

Como están los ojos de los esclavos
     fijos en las manos de sus señores,
     como están los ojos de la esclava
     fijos en las manos de su señora,
     así están nuestros ojos
     en el Señor, Dios nuestro,
     esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
     que estamos saciados de desprecios;
     nuestra alma está saciada
     del sarcasmo de los satisfechos,
     del desprecio de los orgullosos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Oración del salmo
Padre celestial, levantamos nuestros ojos hacia ti y rezamos:
confunde el desprecio de los orgullosos y muéstranos tu misericordia.

Ant. Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.
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Ant 2. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Salmo 123: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
                                  Dijo el Señor a Pablo: «No temas…, que yo estoy contigo». (Hch 18,9.10)

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
     -que lo diga Israel-,
     si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
     cuando nos asaltaban los hombres,
     nos habrían tragado vivos:
     tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,
     llegándonos el torrente hasta el cuello;
     nos habrían llegado hasta el cuello
     las aguas espumantes. 

Bendito el Señor, que no nos entregó
     en presa a sus dientes;
     hemos salvado la vida, como un pájaro
     de la trampa del cazador:
     la trampa se rompió, y escapamos. 

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
     que hizo el cielo y la tierra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Oración del salmo
Señor Jesús, predijiste que tus discípulos serían despreciados por tu nombre,
pero que nunca se dañaría un pelo de sus cabezas.
En tiempos de persecución,
defiéndenos y reavívanos con el poder y el consuelo del Espíritu Santo,
para que podamos ser librados de nuestros enemigos
y alabemos tu auxilio salvador.

Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
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 Ant 3. El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.

Salmo 124 (25): El Señor Vela por su Pueblo.

Los que confían en el Señor
     son como el monte Sión:
     no tiembla,
     está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
     y el Señor rodea a su pueblo
     ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
     sobre el lote de los justos,
     no sea que los justos
     extiendan su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
     a los sinceros de corazón;
     y a los que se desvían por sendas tortuosas,
     que los rechace el Señor con los malhechores.
     ¡Paz a Israel!


V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
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Lectura Breve: Rm 8, 22-23
La creación entera, como bien lo sabemos, va suspirando y gimiendo toda ella,
hasta el momento presente, como con dolores de parto.
Y no es ella sola, también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, suspiramos en nuestro interior, anhelando la redención de nuestro cuerpo.


Silencio sagrado
(indicado por una campana):
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.

V.
Bendice, alma mía, al Señor.
R. El rescata tu vida de la fosa.
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Oración Conclusiva
Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados,
para que puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos
que se aparten de todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan,
y que cumplan lo que ese nombre significa.

Por Cristo nuestro Señor. ¡Amén!
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Conclusión
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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HORA NONA - Oración de Media tarde.

Una antigua costumbre griega y romana, dividía el día,
al igual que la noche, en cuatro partes, cada una compuesta de tres horas.
La última hora de cada división dio su nombre al trimestre cuarto de la jornada, la tercera división (desde las 12:00 m. hasta cerca de las 3:00 p.m.)
fue llamada la Nona (latín Nonus, nona, noveno).

La hora de nona era considerada como el cierre de las actividades del día
y la hora para los baños y la cena. Esta división del día fue popular también entre los judíos, de quienes la tomó prestada la Iglesia.
San Cipriano ve en las horas de tercia, sexta y nona,
que vienen después de un lapso de tres horas, una alusión a la Trinidad.
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Invocación Inicial
V. † Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

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Himnos
Además de himnos mostrados aquí, pueden usarse,
sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.

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Himno: Fundamento de todo lo que existe.

Fundamento de todo lo que existe,
     de tu pueblo elegido eterna roca,
     de los tiempos Señor, que prometiste
     dar tu vigor al que con fe te invoca.

Mira al hombre que es fiel y no te olvida,
     tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte
     para amarte y servirte en esta vida
     y gozarte después de santa muerte.

Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa
     en este atardecer que se avecina,
     serena claridad y dulce brisa
     será tu amor que todo lo domina. ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento
que componen la Liturgia de las Horas. Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. Es bueno refugiarse en el Señor, porque es eterna su misericordia. ¡Aleluya!

Salmo 117 - I (118): Himno de Acción de Gracias Después de la Victoria.
Jesús es la piedra que desecharon ustedes, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4,11)

Den gracias al Señor porque es bueno,
     porque es eterna su misericordia. 

Diga la casa de Israel:
     eterna es su misericordia. 

Diga la casa de Aarón:
     eterna es su misericordia. 

Digan los fieles del Señor:
     eterna es su misericordia. 

En el peligro grité al Señor,
     y me escuchó, poniéndome a salvo. 

El Señor está conmigo: no temo;
     ¿qué podrá hacerme el hombre?
     El Señor está conmigo y me auxilia,
     veré la derrota de mis adversarios. 

Mejor es refugiarse en el Señor
     que fiarse de los hombres,
     mejor es refugiarse en el Señor
     que confiar en los magnates.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. Es bueno refugiarse en el Señor, porque es eterna su misericordia. ¡Aleluya!
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 Ant 2. El Señor es mi fuerza y mi energía. ¡Aleluya!

Salmo 117 – II (118): Himno de Acción de Gracias Después de la Victoria.
Amando a Dios es como renovamos en nosotros su imagen. Y ama a Dios el que guarda sus mandamientos. (San Columbano)

Todos los pueblos me rodeaban,
     en el nombre del Señor los rechacé;
     me rodeaban cerrando el cerco,
     en el nombre del Señor los rechacé;
     me rodeaban como avispas,
     ardiendo como fuego en las zarzas,
     en el nombre del Señor los rechacé. 

Empujaban y empujaban para derribarme,
     pero el Señor me ayudó;
     el Señor es mi fuerza y mi energía,
     él es mi salvación. 

Escuchen: hay cantos de victoria
     en las tiendas de los justos:
     «La diestra del Señor es poderosa,
     la diestra del Señor es excelsa,
     la diestra del Señor es poderosa.» 

No he de morir,
     viviré para contar las hazañas del Señor.
     Me castigó, me castigó el Señor,
     pero no me entregó a la muerte.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Ant. El Señor es mi fuerza y mi energía. ¡Aleluya!
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Ant 3. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste. ¡Aleluya!

Salmo 117 – III (118): Himno de Acción de Gracias después de la Victoria.
Dejemos que Cristo pinte en nosotros su imagen. (San Columbano) 

Ábranme las puertas del triunfo,
     y entraré para dar gracias al Señor. 

Esta es la puerta del Señor:
     los vencedores entrarán por ella. 

Te doy gracias porque me escuchaste
     y fuiste mi salvación. 

La piedra que desecharon los arquitectos
     es ahora la piedra angular.
     Es el Señor quien lo ha hecho,
     ha sido un milagro patente. 

Éste es el día en que actuó el Señor:
     sea nuestra alegría y nuestro gozo.
     Señor, danos la salvación;
     Señor, danos prosperidad. 

Bendito el que viene en nombre del Señor,
     los bendecimos desde la casa del Señor;
     el Señor es Dios: él nos ilumina. 

Ordenen una procesión con ramos
     hasta los ángulos del altar. 

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
     Dios mío, yo te ensalzo. 

Den gracias al Señor porque es bueno,
     porque es eterna su misericordia.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Oración del Salmo
Señor Dios, nos has dado el gran día de la alegría:
Jesucristo, la piedra desechada por los constructores,
se ha convertido en la piedra angular de la Iglesia, nuestra casa espiritual.
Derrama sobre tu Iglesia los rayos de tu gloria,
para que sea vista como la puerta de la salvación abierta a todas las naciones.
Que los gritos de alegría y júbilo resuenen desde sus tiendas
para celebrar la maravilla de la resurrección de Cristo.

Ant 3. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste. ¡Aleluya!
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Lectura Breve   2Tm 1, 9
Dios nos ha salvado y nos ha llamado con santa llamada,
no según nuestras obras, sino según su propio propósito y su gracia,
que nos dio con Cristo Jesús antes de los tiempos eternos.

V. El Señor los condujo seguros, sin alarmas.
R. Los hizo entrar por las santas fronteras.
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Oración Final

Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados,
para que puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos
que se aparten de todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan,
y que cumplan lo que ese nombre significa.

Por Jesucristo nuestro Señor. ¡Amén!
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Conclusión

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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Tiempo Ordinario. Segundas Vísperas del Domingo de la Semana III
De la Feria. Salterio III

II VÍSPERAS - Oración de la tarde
“Si el alma hace buen uso
de las virtudes plantadas en ella,
entonces será de verdad semejante a Dios.
"
(San Columbano)

Sus motivos aluden al fin del trabajo y del día activo,
y la equivalencia simbólica con la Venida del Señor.
Un horario entre las 7 y las 10 de la noche es adecuado.
Los días que preceden a una Solemnidad no tienen Vísperas.


Las «Primeras Vísperas» son la misma oración que Vísperas,
pero para los domingos y solemnidades,que comienzan la tarde anterior
y por lo tanto tienen dos vísperas: las «primeras», que son la tarde anterior
(la del sábado, en el caso de un domingo), y las «segundas», que son 
las de la propia tarde cronológica (la tarde del domingo, siguiendo el mismo caso).
Evidentemente, el día anterior cede parte de su tiempo al domingo o solemnidad y no tiene vísperas.
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Invocación Inicial
Se hace la invocación Inicial antes del himno, trazando en la frente la señal de la cruz mientras se dice:

V. 
† Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre,
    por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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Himnos:
Son composiciones poéticas en alabanza a Dios, a la Virgen o a los Santos. Éstos introducen en la celebración un elemento
que nos ayuda a pasar de lo puramente popular a lo eclesial y bíblico.  Además de estos Himnos, pueden usarse,
sobre todo, en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
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Himno: Santa unidad y Trinidad beata.

Santa unidad y Trinidad beata:
     con los destellos de tu brillo eterno,
     infunde amor en nuestros corazones,
     mientras se va alejando el sol de fuego.

Por la mañana te cantamos loas
     y por la tarde te elevamos ruegos,
     pidiéndote que estemos algún día
     entre los que te alaban en el cielo.

Glorificado sean por los siglos
     de los siglos el Padre y su Unigénito,
     y que glorificado con entrambos
     sea por tiempo igual el Paracleto. ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento 
que componen la Liturgia de las Horas. 
Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. Oráculo del Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha. ¡Aleluya!

Salmo 109, 1-5. 7: El Mesías, Rey y Sacerdote.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies (1Co 15,25)

Oráculo del Señor a mi Señor:
     «Siéntate a mi derecha,
     y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
     el poder de tu cetro:
     somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
     entre esplendores sagrados;
     yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
     «Tú eres sacerdote eterno
     según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
     quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
     por eso levantará la cabeza.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Oración del salmo
Padre, te pedimos que nos des la victoria y la paz.
En Jesucristo, nuestro Señor y Rey, ya estamos sentados a tu diestra.
Esperamos alabarte en la comunión de todos tus santos en nuestra patria celestial.

Ant. Oráculo del Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha. ¡Aleluya! _
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Ant 2. El Señor piadoso ha hecho maravillas memorables. ¡Aleluya!

Salmo 110:  Grandes son las obras del Señor.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
     en compañía de los rectos, en la asamblea.
     Grandes son las obras del Señor,
     dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra,
     su generosidad dura por siempre;
     ha hecho maravillas memorables,
     el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,
     recordando siempre su alianza;
     mostró a su pueblo la fuerza de su poder,
     dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
     todos sus preceptos merecen confianza:
     son estables para siempre jamás,
     se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
     ratificó para siempre su alianza,
     su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
     tienen buen juicio los que lo practican;
     la alabanza del Señor dura por siempre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Oración del salmo
Señor misericordioso y gentil, eres la gloria suprema de todos los santos.
Danos, a tus hijos, el regalo de la obediencia, que es el comienzo de la sabiduría,

para que podamos hacer lo que mandas y seamos llenados de tu misericordia.

Ant. El Señor piadoso ha hecho maravillas memorables. ¡Aleluya!
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Ant 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. ¡Aleluya!

Cántico - Ap 19,1-2, 5-7: El Mesías, Rey y Sacerdote.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado.
Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el 
Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

En los Domingos de Cuaresma, en lugar del cántico del Apocalipsis se dice el de la carta de San Pedro, con su antífona propia.

V. ¡Aleluya!
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. ¡Aleluya!

V. ¡Aleluya!
Alaben al Señor sus siervos todos.
Los que le temen, pequeños y grandes.
R. ¡Aleluya!

V. ¡Aleluya!
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. ¡Aleluya!

V. ¡Aleluya!
Llegó la boda del cordero.
Su esposa se ha embellecido.
R. ¡Aleluya!

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. ¡Aleluya!
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Lectura Breve:   1Pe 1, 3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que en su gran misericordia,
por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,
nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva,
para una herencia incorruptible, pura, imperecedera,
que les está reservada en el cielo.
La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación
que aguarda a manifestarse en el momento final.

Silencio sagrado (indicado por una campana):
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.


Responsorio Breve
V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
V. Y se ha aparecido a Simón.
R. ¡En la bóveda del cielo!
V. † Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
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Cántico Evangélico (Magníficat)
Los cánticos se toman del Evangelio de Lucas. Se rezan o cantan de pie, y se hace la señal de la Cruz al principio de su proclamación.
 El Magnificat, (Canto de María) es un canto de gratitud de la Virgen al caer la tarde cuando el Ángel la encontró en oración.
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Ant. “Perdonen y Dios les perdonará. Den y Dios les dará”, dice el Señor.

Cántico de María: Lc 1, 46-55. Alegría del Alma en El Señor
                                                    (se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
     se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
     porque ha mirado la humillación de su esclava.


Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
     porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
     su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles 
     de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
     dispersa a los soberbios de corazón,
     derriba del trono a los poderosos
     y enaltece a los humildes,
     a los hambrientos los colma de bienes
     y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
     acordándose de su misericordia
     -como lo había prometido a nuestros padres-
     en favor de Abraham
     y su descendencia por siempre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. “Perdonen y Dios les perdonará. Den y Dios les dará”, dice el Señor.
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Preces - Peticiones o Intercesiones
Invoquemos a Dios, nuestro Padre, que maravillosamente creó el mundo,
lo redimió de forma más admirable aún
y no cesa de conservarlo con amor, y digámosle:
R./ Renueva, Señor, las maravillas de tu amor.

Señor, tú que, en el universo, obra de tus manos, nos revelas tu poder,
- haz que sepamos ver tu providencia en los acontecimientos del mundo.

Tú que por la victoria de tu Hijo en la cruz anunciaste la paz al mundo,
- líbranos de todo desaliento y de todo temor.

A todos los que aman la justicia y trabajan por conseguirla,
- concédeles que cooperen con sinceridad y concordia
   en la edificación de un mundo mejor.

Ayuda a los oprimidos, consuela a los afligidos,
libra a los cautivos, da pan a los hambrientos
- y fortalece a los débiles, para que en todos se manifieste el triunfo de la cruz.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que al tercer día resucitaste a tu Hijo gloriosamente del sepulcro,
haz que nuestros hermanos difuntos lleguen también a la plenitud de la vida.

Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...

Oración Conclusiva
Concédenos, Dios todopoderoso,
que la constante meditación de tu doctrina
nos impulse a hablar y a actuar siempre según tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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Conclusión
Si preside un presbítero o un diácono, bendice al pueblo, utilizando una de estas dos fórmulas finales:
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Fórmula larga:  (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. El Señor esté con ustedes. 
R. Y con tu espíritu.
V. La paz de Dios, que sobrepasa todo juicio,
     custodie sus corazones y sus pensamientos
     en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

R. ¡Amén!
V. Y la bendición de Dios todopoderoso,
     Padre, Hijo
 † y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!
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Fórmula breve:  (se hace la señal de la cruz mientras se dice:)

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. La bendición de Dios todopoderoso,
     Padre, Hijo
y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. ¡Amén!

        Si se despide de la comunidad añade:
V. Pueden ir en Paz.
R. ¡Demos gracias a Dios!

        En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un ministro no ordenado, se dice:
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
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Tiempo Ordinario. Domingo después de las Segundas vísperas.
Semana III - De la Feria. Salterio III

COMPLETAS
Oración antes del descanso nocturno.

“Él habita en nosotros como el alma en el cuerpo,
a condición de que seamos miembros sanos de él,
de que estemos muertos al pecado."  

(San Columbano)

Sus textos aluden al sueño, y a su equivalencia simbólica con la muerte.
El mejor horario es aquel en que efectivamente vayamos a dormir enseguida.

Aunque hay una Completas para cada día de la semana,
es costumbre -aceptada en las rúbricas- que quienes desean rezarlas de memoria,
lo hagan siempre con una de las dos Completas del domingo,
ya sea la de después de Primeras Vísperas o la de después de Segundas Vísperas.

Las Completas no tienen vinculación estrecha con el desarrollo del calendario litúrgico,
excepto el
“aleluya” al final de las antífonas e invocaciones en tiempo pascual.
“El Aleluya” se omite desde el Miércoles de Ceniza hasta el Sábado Santo, inclusive.

Además de las fórmulas penitenciales mostradas aquí, pueden usarse otras aprobadas. Además de himnos mostrados aquí,
pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, 
otros cantos oportunos y debidamente aprobados.

Esta hora se termina con una de las antífonas de la Santísima Virgen que se muestran en el formulario: Madre del Redentor, Salve, Reina de los cielos,
Dios te salve española, Dios te Salve latinoamericana; 
Bajo tu amparo, o con algún otro canto debidamente aprobado.
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“Estamos llamados a tener una conciencia limpia hacia Dios y hacia los hombres,
en nuestros corazones y en nuestras mentes, en nuestras acciones y nuestro descanso.
Para hacerlo, es vital que examinemos nuestra conciencia diariamente y que pidamos la misericordia de Dios
cuando nos sintamos débiles, tentados e incompletos y que le pidamos Su fortaleza para mejorar.”
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Invocación Inicial
V. † Dios mío, ven en mi auxilio. 
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!
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Examen de Conciencia (Fórmula 1)
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual, en la celebración comunitaria puede concluirse con un acto penitencial de la siguiente forma:

V. Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada
     que Dios nos ha concedido,
     reconozcamos sinceramente nuestros pecados.


Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. † El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
     perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
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Examen de Conciencia (Fórmula 2)
En este momento es oportuno hacer examen de conciencia o revisión de la jornada.

Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

V. Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada
     que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.


V. Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.

V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.

V. † El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
     perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
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Examen de Conciencia (Fórmula 3)
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, 
el cual, en la celebración comunitaria puede concluirse con un acto penitencial de la siguiente forma:

Después, se prosigue con la fórmula siguiente:

V. Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada
     que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.


V. Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.

V. Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.

V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre
     para interceder por nosotros: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

V. † El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
     perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. ¡Amén!
________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
“Estamos llamados a tener una conciencia limpia hacia Dios y hacia los hombres,
en nuestros corazones y en nuestras mentes, en nuestras acciones y nuestro descanso.
Para hacerlo, es vital que examinemos nuestra conciencia diariamente y que pidamos la misericordia de Dios
cuando nos sintamos débiles, tentados e incompletos y que le pidamos Su fortaleza para mejorar”.
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Himnos:
Son composiciones poéticas en alabanza a Dios, a la Virgen o a los Santos. Éstos introducen en la celebración un elemento
que nos ayuda a pasar de lo puramente popular a lo eclesial y bíblico.  Además de estos Himnos, pueden usarse,
sobre todo, en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
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Himno: Cuando la luz del sol es ya poniente

Cuando la luz del sol es ya poniente,
     gracias, Señor, es nuestra melodía;
     recibe, como ofrenda, amablemente,
     nuestro dolor, trabajo y alegría.

Si poco fue el amor en nuestro empeño
     de darle vida al día que fenece,
     convierta en realidad lo que fue un sueño
     tu gran amor que todo lo engrandece.

Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
     de pecadora en justa, e ilumina
     la senda de la vida y de la muerte
     del hombre que en la fe lucha y camina.

Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
     la noche oscura sobre nuestro día,
     concédenos la paz y la esperanza
     de esperar cada noche tu gran día. ¡Amén!
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Himno: Se inclina ya mi frente.

Se inclina ya mi frente,
     sellado está el trabajo;
     Señor, tu pecho sea
     la gracia del descanso.

Mis ojos se retiran,
     la voz deja su canto,
     pero el amor enciende
     su lámpara velando.

Lucero que te fuiste,
     con gran amor amado,
     en tu gloria dormimos
     y en sueños te adoramos. ¡Amén!
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SALMODIA
Es un conjunto de salmos y cánticos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento 
que componen la Liturgia de las Horas. Éstos son el núcleo principal del Oficio y también su parte más extensa.
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Ant 1. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

Salmo 90: A La Sombra del Omnipotente.
Bendito sea Dios, que nos alienta en nuestras luchas (2Co 1, 3. 4)

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
     que vives a la sombra del Omnipotente,
     di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío. 
     Dios mío, confío en ti.»

Él te librará de la red del cazador, de la peste funesta.
     Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás:
     su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
     ni la flecha que vuela de día,
     ni la peste que se desliza en las tinieblas,
     ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
     diez mil a tu derecha; a ti no te alcanzará.

Tan sólo abre tus ojos y verás la paga de los malvados,
     porque hiciste del Señor tu refugio,
     tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
     ni la plaga llegará hasta tu tienda,
     porque a sus ángeles ha dado órdenes
     para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
     para que tu pie no tropiece en la piedra;
     caminarás sobre áspides y víboras,
     pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
     lo protegeré porque conoce mi nombre,
     me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
     lo defenderé, lo glorificaré;
     lo saciaré de largos días, y le haré ver mi salvación.»

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
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Lectura Breve:   1Pe 5, 9-10
Sean sobrios, estén despiertos:
Su enemigo, el diablo, como león rugiente,
ronda buscando a quien devorar; resístanle, firmes en la fe.

Silencio sagrado (indicado por una campana):
Un momento para reflexionar y recibir en nuestros corazones la resonancia total de la voz del Espíritu Santo
y unir nuestra oración personal más estrechamente con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia.


Responsorio Breve
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
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Cántico Evangélico (Nunc Dimittis)
Los cánticos se toman del Evangelio de Lucas. Se oran o cantan de pie, al principio de su proclamación se hace la señal de la cruz.
Nunc dimittis “ahora dejas”– es el canto de gratitud de Simeón, por la promesa cumplida de ver al Salvador antes de reunirse con Él.
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Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos,
         para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

Cántico de Simeón: Lc 2, 29-32
                                                (se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Ahora, Señor, según tu promesa,
     puedes dejar a tu siervo irse en paz,
     porque mis ojos han visto a tu Salvador,
     a quien has presentado ante todos los pueblos
     luz para alumbrar a las naciones
     y gloria de tu pueblo Israel.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio,
     ahora y siempre, por los siglos de los siglos. ¡Amén!


Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos,
         para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

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Oración
Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo;
que mañana nos levantemos en tu nombre
y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día.
Por Cristo nuestro Señor. ¡Amén!

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Bendición
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. ¡Amén!
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Antífonas Finales de la Santísima Virgen
Esta hora se termina con una de las antífonas de la Santísima Virgen que se muestran en el formulario:
Madre del Redentor, Salve, Reina de los cielos, Dios te salve española, Dios te Salve latinoamericana; Bajo tu amparo, 
o con algún otro canto debidamente aprobado.
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1.       Dios te salve, Reina y Madre
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
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2.       Madre del Redentor
Madre del Redentor, Virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.
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3.       Salve, Reina de los cielos
Salve, Reina de los cielos y Señora de los ángeles;
salve, raíz; salve, puerta, que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros.
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4.       Bajo tu amparo
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,

Oh, Virgen gloriosa y bendita.
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5.       Reina del cielo, alégrate
Reina del cielo, alégrate, aleluya,
porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya,
ha resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
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6. "María la Aurora" Traducido y adaptado por Diego Cabrera de “Mary the Dawn” by Kathleen Lundquist

María la Aurora, Cristo el perfecto día;
¡María, la puerta, Cristo, el camino celestial!

María la raíz, Cristo la vid mística;
¡María la uva, Cristo el vino sagrado!

María la gavilla de trigo, Cristo el pan vivo;
¡María el rosal, Cristo la rosa rojo sangre!

María la fuente, Cristo la corriente limpiadora;
¡María el cáliz, Cristo la sangre salvadora!

María el Templo, Cristo el Señor del Templo;
¡María el Santuario, Cristo el Dios adorado!

María el faro, Cristo el lugar de descanso;
¡María el espejo, Cristo la visión bendita!

María la Madre, Cristo el Hijo de la Madre.
Ambos siempre benditos por los tiempos sin fin. ¡Amén!
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